Entre cafetales: tres mujeres que emprendieron después de los 65 años
Ellas saben lo que significa trabajar la tierra, cuidar las plantas, esperar la cosecha y comenzar nuevamente cada ciclo del café.
En Frailes de Desamparados, tres mujeres demuestran que para emprender no hay edad. Después de los 65 años decidieron dar un nuevo paso en una historia que comenzó mucho antes, entre cafetales (ver video adjunto).
Flor Bonilla, de 76 años; Flor Badilla, de 77; y Selenia Ortega, de 70, están al frente de sus propias fincas productoras de café y, además, cada una decidió crear su propia marca para comercializar el fruto de años de trabajo.
Para doña Flor Bonilla, la relación con el café comenzó desde que era apenas una niña.
“Yo siempre estuve en el cafetal. Primero iba a dejar almuerzo a mi papá y a mi hermano, pero ya después de los 12 años me tocó empezar a trabajar”, comentó.
Los años pasaron, pero ella nunca se alejó de la tierra. Cuando se casó, continuó vinculada a la actividad, pues su esposo tenía una finca de café. Tras el fallecimiento de él, doña Flor asumió todo el proceso y siguió adelante con la producción.
Hoy observa con orgullo lo que ha logrado y disfruta especialmente poder llevar a su mesa el resultado de su propio esfuerzo.
“Me siento orgullosa de ver que estamos saliendo adelante. Yo no tomo otro café que no sea el mío”, cuenta entre risas.
Una historia similar protagoniza Flor Badilla, de 77 años, quien también permanece al frente de su cafetal y decidió convertir su producción en una marca propia después de los 65 años.
A ellas se suma Selenia Ortega, de 70 años, quien asegura que trabajar en la finca continúa llenándola de entusiasmo y energía.
“Estoy contenta porque me siento como una chiquilla de 15 años para seguir en la finca”, aseguró.
Las tres conocen el café desde la raíz. Saben lo que significa trabajar la tierra, cuidar las plantas, esperar la cosecha y comenzar nuevamente cada ciclo.
Sin embargo, después de décadas dedicadas al campo, decidieron escribir un nuevo capítulo: convertirse también en emprendedoras y ponerle una marca propia al café que producen.
Entre las montañas de Frailes, Flor, Flor y Selenia siguen trabajando sus cafetales y demostrando que los sueños no tienen fecha de vencimiento y que, sin importar la edad, siempre puede llegar el momento de cosechar algo nuevo.

