Por Diana Vásquez 24 de abril de 2026, 18:45 PM

En la entrada de El Coyol de Alajuela, cada mañana se repite una escena que para muchos ya es parte del paisaje cotidiano. Puntual, desde las 7:30 hasta las 11:00 a.m., don Elmer Villegas instala su pequeño puesto y comienza la jornada. Todos lo conocen como "el Manicero", un apodo que resume años de trabajo vendiendo maní, frijoles y refrescantes pipas frías.

Su rutina, sencilla pero constante, es el resultado de décadas dedicadas a un oficio que ha sostenido con disciplina y orgullo. Con su mesa lista y sus productos bien acomodados, don Elmer no solo ofrece alimentos: brinda cercanía y calidez a quienes pasan por el lugar.

Pero su puesto es mucho más que un punto de venta. Es, en esencia, un espacio de encuentro. A su alrededor se reúne a diario "la pandilla", un grupo de adultos mayores del vecindario que han convertido ese rincón en su punto de reunión. 

Entre conversaciones, risas y recuerdos, las mañanas transcurren con una energía que rompe la rutina y fortalece los lazos de toda una comunidad. Para don Elmer, cada día es una oportunidad para agradecer. Su actitud positiva y su sonrisa constante son tan características como sus productos. A pesar del paso del tiempo y de los retos que implica el trabajo diario, enfrenta la vida con una sencillez que inspira a quienes lo rodean.

Así, entre maní, historias y carcajadas, don Elmer demuestra que los espacios más pequeños pueden tener el significado más grande. 

Para conocer de cerca la historia de don Elmer y ver cómo se vive cada mañana en ese rincón especial de Alajuela, no deje de revisar el reportaje completo en el video que aparece en la portada del artículo.

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