Por Johnny López 22 de enero de 2026, 17:52 PM

El pasado 21 de diciembre de 2025 no fue una fecha cualquiera. En la Catedral Metropolitana Santuario Nacional San José, entre silencios densos y miradas cargadas de afecto, se celebró una eucaristía que no hablaba solo del presente. Era, sobre todo, un ejercicio de memoria.

Ese día, el presbítero Edgar Rivera celebró 70 años de vida sacerdotal y un siglo de existencia. Cien años no son una cifra abstracta cuando se sostienen con nombres, comunidades y caminos recorridos. Tampoco lo son setenta años de ministerio cuando se han vivido sin estridencias, pero con una constancia que deja huella.

“Me siento muy feliz. Es una linda experiencia poder vivir esto”, dijo al finalizar la celebración, con la serenidad de quien ha aprendido a decir lo esencial sin adornos.

La historia comenzó el 17 de diciembre de 1955, cuando fue ordenado sacerdote. Cinco años antes, había ingresado al seminario, proveniente de Oreamuno de Cartago, sin saber entonces que esa decisión marcaría el pulso de toda su vida. Desde 1956 y durante 42 años de ejercicio pastoral activo, hasta 1998, acompañó espiritualmente a más de diez comunidades parroquiales en distintas regiones del país.

Pero su paso por esas comunidades no se limitó al oficio religioso. El padre Edgar Rivera entendió el sacerdocio como una presencia concreta. Fue impulsor de proyectos que hoy siguen en pie, como la parroquia de San Josecito, en San Isidro de Heredia, y el templo parroquial del Corazón de Jesús, en Heredia centro, construido para responder al crecimiento de una comunidad que necesitaba espacio y encuentro.

Durante la celebración de su aniversario, llegaron fieles de distintos lugares. Algunos con bastón, otros con hijos y nietos. Muchos traían recuerdos: una misa, una conversación, un consejo dado a tiempo. La vida del padre Edgar se había ido quedando en esas pequeñas escenas que no siempre entran en los libros, pero que construyen una historia.

Hoy, al mirar atrás, él resume su vida en una palabra que no necesita explicación: gratitud. Gratitud por la vocación, por las comunidades que lo acogieron y por haber tenido tiempo suficiente para servir.

Le invitamos a repasar esta historia en el reportaje en video que está en la portada de este artículo.

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