Por Johnny López 21 de agosto de 2026, 18:55 PM

En la casa de la familia Durán, en La Fila del Rosario en Desamparados, el olor a café ha estado presente durante años. Lo que comenzó como el oficio de un padre hoy reúne a dos generaciones alrededor de Tostadora La Fila y su marca Café Montesanto (ver video adjunto).

La historia comenzó en 2009, cuando José Fabio Durán Abarca, junto a sus hermanos Óscar y Adolfo, regresó a su pueblo natal tras salir de la empresa donde trabajaba. Allí identificaron una realidad que les llamó la atención: buena parte del café de calidad producido en la zona salía para exportación, mientras muchos de los propios productores consumían café de menor calidad.

Fue entonces cuando nació Tostadora La Fila, con una propuesta diferente: motivar a los caficultores a reservar parte de su cosecha para que ese buen café también pudiera venderse y disfrutarse en la misma comunidad. Poco a poco, el proyecto comenzó a crecer y el oficio terminó echando raíces dentro de la propia familia.

Años después llegó la segunda generación. Daniel Durán, abogado de profesión, y su hermana Raquel, técnica en salud, decidieron cambiar el rumbo de sus carreras para involucrarse de lleno en el negocio de su padre. Ambos se capacitaron como baristas y en el proceso de tostado, hasta asumir nuevas responsabilidades dentro del emprendimiento familiar.

“Ha sido una experiencia muy bonita aprender todo sobre el café para dar apoyo a los productores de nuestra zona”, comentó Daniel.

Por su parte, Raquel aseguró que se siente honrada de ayudar a su papá en este esfuerzo familiar. “Ha sido muy especial para nosotros aprender de papi todo acerca del café”, expresó.

De ese relevo generacional nació Café Montesanto, una marca con la que la familia continúa apostando por un producto fresco y artesanal, pero sobre todo por darle valor al café producido en su propia tierra.

Hoy, aquello que comenzó como una idea arriesgada de José Fabio y sus hermanos continúa de la mano de sus hijos. Daniel y Raquel cambiaron sus profesiones por el mundo del café, pero mantuvieron intacta la misión con la que todo empezó: que el productor pueda disfrutar su propio café y que parte de lo mejor que se cosecha en la comunidad también se quede en casa.

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