Por Diana Vásquez 14 de septiembre de 2026, 18:55 PM

En el jardín de niños María Jiménez Ureña, en Desamparados, cada mes de setiembre las aulas se transforman en un escenario de música, color y tradición. Allí, además de aprender sus primeras letras y desarrollar importantes valores, los niños y niñas descubren desde pequeños lo que significa amar a Costa Rica (ver video adjunto).

Detrás de cada presentación patriótica hay maestras que, año tras año, se encargan de mantener viva esa tradición y de enseñarles a sus pequeños estudiantes que celebrar la independencia también es una forma de reconocer y valorar al país que los vio nacer.

Una de ellas es Arlene Quesada, quien desde hace casi tres décadas prepara a los niños para participar en los desfiles del 15 de setiembre. Con aros, música costarricense, coreografías y mucha dedicación, convierte los ensayos en momentos de aprendizaje, pero también de alegría.

Durante estos años, Arlene ha visto pasar generaciones de estudiantes y ha sido testigo de cómo aquellos pequeños que alguna vez desfilaron por las calles regresan convertidos en adultos, llevando consigo los recuerdos de aquellas celebraciones.
A su lado también está la maestra Pamela Cordero, quien suma 26 años realizando esta labor. Para ella, cada setiembre representa una oportunidad para volver a vivir la emoción de la independencia a través de los ojos de sus estudiantes.

Y es que no importa cuántas veces lo hayan hecho, ver a los pequeños con sus trajes, sus instrumentos y sus banderas sigue provocando la misma emoción.
Pero esta tradición no se queda únicamente en quienes tienen más años de experiencia. Las nuevas generaciones de docentes también comienzan a tomar el relevo.

Ese es el caso de Daniela Romero, quien tiene apenas dos años de formar parte de este centro educativo. Desde su llegada se ha involucrado en las actividades patrias y poco a poco sigue el ejemplo de aquellas maestras que durante décadas han convertido el amor por Costa Rica en parte de sus enseñanzas.

Así, entre canciones, ensayos, aros y banderas, estas educadoras hacen mucho más que preparar una presentación para el 15 de setiembre. Forman recuerdos, transmiten valores y siembran desde los primeros años una semilla que esperan que acompañe a sus estudiantes durante toda la vida: el orgullo de ser costarricenses.

Porque en este jardín de niños, la independencia no se aprende únicamente en los libros. Se baila, se canta, se celebra y, sobre todo, se enseña con el ejemplo.

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