Célimo Chaves demuestra, a los 86 años, que el campo también enseña a envejecer
En Atenas de Alajuela, un agricultor demuestra que el trabajo del campo puede ser motor de vida, identidad y propósito, incluso cuando el calendario insiste en contar los años.
Cuando el día apenas empieza a clarear en Atenas de Alajuela, Don Célimo Chaves ya está en pie. A sus 86 años, la rutina no pesa como una obligación, sino que se sostiene como un propósito. Cada mañana se levanta temprano para trabajar la tierra, sembrar y cosechar caña, y cuidar a su ganado, que con el paso del tiempo se ha convertido también en compañía.
La finca no es solo un espacio de trabajo. Es el lugar donde Don Célimo se siente útil, activo y profundamente conectado con aquello que le da sentido. Con paso firme y una energía que sorprende, recorre sus terrenos para darles mantenimiento, revisar cultivos y asegurarse de que todo esté en orden. Lo hace con entusiasmo, convencido de que seguir aportando es una forma de seguir viviendo.
El vínculo con la tierra ha marcado toda su vida. Cada surco sembrado y cada jornada bajo el sol forman parte de una historia hecha de constancia y amor por el campo, una historia que no se detiene con los años. Para Don Célimo, el trabajo agrícola no es solo sustento: es identidad.
Su ejemplo rompe con los estereotipos que suelen acompañar a la vejez. Lejos de detenerse, este agricultor ateniense demuestra que la edad no define los límites, sino la actitud. En cada visita diaria a su finca reafirma una enseñanza sencilla y poderosa: más allá de los años, lo verdaderamente importante es sentirse bien por dentro y encontrar razones para levantarse cada mañana con ilusión.
Le invitamos a repasar esta historia en el reportaje en video que está en la portada de este artículo.

