"Cascarita", el agricultor que cultiva la tierra y el cariño de todo un pueblo
Don Francisco Agüero, de 84 años, es mucho más que un caficultor y agricultor de la Zona de Los Santos: es uno de esos personajes que han dejado huella con su trabajo, humildad y forma de vivir.
En Santa María de Dota basta con mencionar el apodo de "Cascarita" para que todos sepan de quién se habla. Don Francisco Agüero, de 84 años, es mucho más que un caficultor y agricultor de la Zona de Los Santos: es uno de esos personajes que han dejado huella con su trabajo, su humildad y su forma de vivir (ver video adjunto).
Su sonrisa permanente, su disposición para colaborar y su actitud positiva lo han convertido en una persona muy querida por quienes lo conocen. A lo largo de los años ha dedicado su vida a la tierra, encontrando en cada amanecer una nueva oportunidad para sembrar, cosechar y agradecer.
Desde muy temprano, cuando el sol apenas comienza a iluminar las montañas de Dota, don Francisco ya está en pie. Su rutina inicia en la pequeña huerta que mantiene con esmero, donde cultiva verduras frescas para el consumo de su hogar. Para él, trabajar la tierra no es una obligación, sino una pasión que lo mantiene activo y lleno de energía.
El café también ha sido parte esencial de su historia. Durante décadas ha trabajado en los cafetales, formando parte de una tradición que identifica a la Zona de Los Santos y que ha pasado de generación en generación. Ese amor por el campo también lo ha transmitido a sus hijos, enseñándoles que el esfuerzo, la disciplina y la honestidad son los mejores frutos que puede dar la vida.
Con 84 años, don Francisco sigue siendo ejemplo de vitalidad. Quienes lo encuentran por las calles de Santa María destacan su entusiasmo, su buen humor y la facilidad con la que conversa con todos. No es casualidad que conozca a la mayoría de los habitantes del pueblo; su historia está entrelazada con la de la comunidad que lo ha visto crecer, trabajar y formar una familia.
"Cascarita" representa a una generación de hombres y mujeres que han construido el desarrollo de las zonas rurales con sus propias manos. Personas que entienden el valor de la tierra, del trabajo honrado y de la solidaridad con el vecino.
Mientras continúa cuidando su huerta y recorriendo los caminos que ha transitado durante toda una vida, don Francisco Agüero demuestra que la verdadera riqueza no siempre se mide en cosechas, sino en el respeto, el cariño y el legado que se siembra en el corazón de una comunidad.

