Por Diana Vásquez 25 de marzo de 2026, 18:40 PM

En La Fila de Aserrí, la historia de Jefferson Fonseca no comenzó detrás de un mostrador, sino en las calles del barrio, donde durante años recorrió cada rincón ofreciendo verduras mientras dejaba algo más que productos a su paso.

Acompañado por canciones de Vicente Fernández, caminaba con energía entre casas y aceras, convirtiendo cada venta en un momento de cercanía. No se limitaba a vender; también conversaba, sonreía y generaba una conexión que, con el tiempo, se transformó en confianza. Así fue como “Chente”, como lo conocen en la comunidad, empezó a construir algo más sólido que un ingreso diario.

Ese vínculo con los vecinos fue creciendo al mismo ritmo que su determinación. Con esfuerzo constante, logró dar el siguiente paso: abrir su propio local. Un espacio pequeño en tamaño, pero significativo en lo que representa para la comunidad.

Hoy, ese negocio funciona como un punto de abastecimiento para muchas familias de la zona, donde se pueden encontrar verduras frescas y otros productos básicos. Sin embargo, el valor del lugar no se limita a lo que se vende. Quienes llegan no solo compran; también se quedan a conversar, a compartir historias y a reforzar los lazos que se fueron construyendo desde aquellos días en que Chente caminaba por las calles.

A sus 28 años, Jefferson mantiene la misma actitud que lo impulsó desde el inicio: cercanía, constancia y una visión clara de crecimiento. Su historia refleja cómo un emprendimiento puede surgir desde lo más cotidiano y, con el tiempo, convertirse en parte del tejido de una comunidad.

Así, entre estantes y saludos por nombre, Chente continúa avanzando, consolidando un camino que comenzó a pie y que hoy se proyecta con nuevas metas.

Si desea conocer más sobre su historia y ver cómo ha evolucionado su negocio, puede repasar el reportaje completo en el video que aparece en la portada de este artículo.

TikTokTeleticacom