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Por: José Ernesto Herrera

Doña Virginia y don Abelardo tienen muchas cosas en común, años de amor, de paciencia, de perdón, de enfermedades y también de decisiones.

Desde hace un par de años ellos dijeron adiós a la casa que les vio nacer en amor y donde procrearon a sus dos hijos para darle paso a un hogar de adultos mayores donde los chinean a más no poder.

Estamos en el centro de Turrialba, donde tenemos una lección de amor, hace pocos meses doña Virginia sufrió una quebradura de cadera, pero es su voluntad y positivismo la que le hizo salir adelante.

Inspirase con su historia a continuación.