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Última visita de familiares a extranjeros condenados a muerte en Indonesia

Dos australianos, una filipina y cuatro nigerianos, así como el brasileño y un indonesio, integran el grupo.

AFP Agencia 27/4/2015 23:39

Familiares de varios extranjeros condenados a la pena capital en Indonesia, entre ellos un brasileño, se despidieron el martes de los reos, antes de su ejecución prevista en las próximas horas pese a las presiones internacionales para evitar su muerte.

Dos australianos, una filipina y cuatro nigerianos, así como el brasileño y un indonesio, integran el grupo, todos ellos condenados por tráfico de drogas. Varias ambulancias cargadas con féretros blancos vacíos se hallaban ya en la prisión.

"No lo volveré a ver. Se lo llevarán a medianoche y lo fusilarán", dijo a la prensa Raji Sukumaran, madre del australiano Myuran Sukumaran, de 34 años.

Los condenados recibieron la notificación de la ejecución a última hora del sábado, con un preaviso de al menos 72 horas. Los fusilamientos tienen lugar habitualmente poco después de medianoche (17H00 GMT).

Los medios australianos publicaron fotografías de cruces mortuorias destinadas a los féretros de los condenados, con fecha del 29.04.2015.

El preso brasileño es Rodrigo Gularte, de 42 años, detenido en 2004 al tratar de entrar en el aeropuerto de Yakarta con seis kilos de cocaína escondidos en tablas de surf. Su familia ha presentando varios informes médicos para demostrar que sufre esquizofrenia y que, por tanto, no debería ser ejecutado.

Otro brasileño, Marco Archer, fue ejecutado en enero por narcotráfico, lo que provocó un rifirrafe diplomático entre Brasil e Indonesia.

También condenado a muerte por tráfico de drogas, el francés Serge Atlaoui, de 51 años, fue retirado este fin de semana de la lista de ejecuciones inminentes debido a un recurso judicial.

Pero el portavoz del fiscal general indonesio, Tony Spontana, reafirmó el martes a la AFP que en caso de que se rechace el recurso, Atlaoui será ejecutado solo y que las autoridades "no esperarán mucho".

El presidente indonesio, Joko Widodo, intransigente sobre la aplicación de la pena de muerte por tráfico de estupefacientes, hizo oídos sordos a los llamamientos de clemencia y a las presiones diplomáticas internacionales para evitar las ejecuciones.

Los familiares de los condenados fueron a verlos por última vez el martes a la cárcel de la isla de Nusakambangan, "el Alcatraz indonesio".