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El presidente Donald Trump quemaba este lunes sus últimos cartuchos para revertir las encuestas que lo muestran rezagado respecto a su rival Joe Biden, con una nueva maratón por cuatro estados en víspera de una elección de alta tensión debido a la fuerte polarización que vive Estados Unidos.

El mandatario republicano está rezagado en las encuestas a nivel nacional, que le asignan 44% de las preferencias contra 51% para el demócrata Biden.

Pero para llegar a la Casa Blanca hay que obtener al menos 270 votos en el Colegio Electoral de 538 integrantes. Y en muchos de los estados con peso en ese cuerpo que cambian sus preferencias partidarias en cada ciclo electoral, la diferencia entre ambos postulantes está dentro del margen de error.

La carrera electoral estuvo marcada por la pandemia de covid-19 que dejó más de 231.000 muertos, atizó el desempleo, redujo la campaña de Biden a su mínima expresión y puso en relieve las profundas divisiones de la sociedad estadounidense.

El nerviosismo en torno a la elección llevó a varias ciudades a parapetar comercios y oficinas y tapiar ventanas ante eventuales disturbios.

Para la portavoz de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, estas "son ciudades demócratas". La funcionaria indicó a la cadena conservadora Fox que con ello buscaban impresionar a los electores. "Están diciendo: si no eligen al candidato de izquierda, la izquierda va a atacar".

"Cada voto cuenta"

Pese a las encuestas, Trump vaticina una "ola roja", en referencia al color insignia de los republicanos.

El mandatario de 74 años, que fue hospitalizado tras contraer el covid-19, fue acusado por Biden, de 77, de "propagar" el virus con su ritmo frenético de mítines, que aglomeraron mucha gente a veces sin mascarillas.

Uno de los estados clave es Pensilvania, que aporta 20 votos al Colegio Electoral. Hace cuatro años Trump se impuso allí por estrecho margen y este año las encuestas dan una ligera ventaja a Biden, con 49,8% contra 45,5% para Trump.

Pero en 2016 las encuestas no anticiparon la victoria de Trump y prueba de ello este lunes, los candidatos y sus compañeros de fórmula se volcaran en distintos rincones de Pensilvania para asegurarse hasta el último voto.

Trump comienza la jornada en Florida, donde animó un mitin el domingo. Luego se desplazará a Fayetteville, en Carolina del Norte, en busca de romper el empate técnico en este estado del sur de Estados Unidos.

Después viajará a Avoca, Pensilvania, realizará un intenso maratón con paradas en Michigan y Wisconsin, para cerrar la jornada y su campaña con un último mitin de vuelta en Michigan, en la localidad de Grand Rapids.

Coincidencia logística o amuleto de campaña, este fue el lugar que eligió en 2016 para cerrar su campaña y entonces le dijo a sus simpatizantes: "Si ganamos Michigan, vamos a ganar esta histórica elección".

Cuatro años después, la elección presidencial tiene sabor a un referéndum sobre la gestión de Trump.

Biden se mantuvo hasta la recta final de la campaña confinado por el covid-19 y sólo en el último mes se lanzó de gira para intentar inclinar la balanza en estados claves.

El domingo el postulante demócrata advirtió a los electores que "cada voto cuenta", recordando que en 2016 Trump ganó Pensilvania por 44.000 votos. "El poder de cambiar este país está literalmente en sus manos".

Lady Gaga y Obama con Biden

La pandemia ha llevado a millones de estadounidenses a votar por adelantado, con un récord de cerca de 94 millones de votos ya emitidos. Esto también abre un escenario de incertidumbre ya que la noche de la elección, el porcentaje de votos a ser contabilizados en las urnas pueden dar un resultado capaz de ser revertido cuando se cuenten los votos por correo.

Según el diario The New York Times, Trump pasará la noche de las elecciones en la Casa Blanca, con unos 400 invitados. Biden, en tanto, va a dirigirse al país desde su residencia en Wilmington, Delaware.

Este lunes contará con la presencia en Pensilvania de la cantante Lady Gaga, un ícono pop, cuya presencia enfureció a Trump, que tuiteó que la artista es miembro de una plataforma contra la extracción de petróleo de esquisto, un argumento con el que pretende agitar el miedo de que Biden sería negativo para la industria petrolera de Estados Unidos. 

En las últimas semanas, Biden ha contado con el espaldarazo del popular expresidente Barack Obama, de quien fue vicepresidente, que se ha desplazado a distritos claves para animar a los votantes.

Obama pide que no se repitan los mismos errores de 2016.

"La última vez fuimos complacientes. Hubo gente que se puso un poco floja, la gente que dio las cosas por hechas. No podemos hacer lo mismo", advirtió.