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"Refugiados" puertorriqueños encuentran un hogar en Nueva York

Aunque son estadounidenses, tras el huracán María se sienten como refugiados extranjeros.

AFP Agencia 31/10/2017 05:52

Hace ya casi un mes que el puertorriqueño Francisco González, de 79 años, su esposa y sus tres perros Pomerania desembarcaron en el diminuto estudio de Manhattan donde vive su hijo.

Aunque son estadounidenses, tras el huracán María se sienten como refugiados extranjeros.

Llegaron por un par de semanas, pero ahora creen que deberán quedarse años "porque en Puerto Rico las cosas están peor que al comienzo", dice González en el nuevo centro de atención a las víctimas de huracanes que Nueva York, con más de 720.000 residentes puertorriqueños, ha instalado en el Harlem latino.

Con dificultades para conseguir alimentos y agua, González y su esposa --que fue operada de la columna y sufre fuertes dolores-- decidieron dejar Puerto Rico y mudarse con su hijo de 22 años, que estudia música en la Universidad de Nueva York.

"Me siento como un refugiado. Aunque soy ciudadano americano, pienso que Puerto Rico es un país", reflexiona González, un hombre elegante, alto y con barba, que vendió seguros en la isla durante más de 40 años. 

"El clima no es el mismo, el sistema no es el mismo, tengo que acostumbrarme a todas las cosas, a la comida, es como si me hubiese ido a China", añade en el sofá cama del pequeño apartamento, donde la bandera puertorriqueña con su estrella blanca cuelga en la pared.

Decenas de miles de puertorriqueños han emigrado a Estados Unidos continental desde que el huracán María hizo trizas este territorio el 20 de septiembre, justo después del paso del huracán Irma. 

Se calcula que unos cinco millones de puertorriqueños viven en Estados Unidos continental, contra 3,4 millones en la isla.

- Viviendo "un embuste" -

Mientras el gobierno de Donald Trump ha sido duramente criticado por su lentitud en responder a la catástrofe humanitaria en Puerto Rico, el estado y la ciudad de Nueva York han enviado a la isla toneladas de suministros y cientos de policías y funcionarios.

El gobernador Andrew Cuomo -posible candidato presidencial para 2020- visitó la isla dos veces desde el huracán, la última vez para llevar tecnología para agua potable. El alcalde Bill de Blasio también es candidato a la reelección el mes próximo.

La esposa de Francisco, Marisel, de 58 años, asegura que la culpa de la catástrofe humanitaria no es del huracán, sino "de nuestro sistema de gobierno y nuestro estatus colonial".

Los puertorriqueños no tienen representación política con derecho a voto en el Congreso, y no pueden votar en las presidenciales si viven en la isla, aunque sí cuando residen en Estados Unidos continental.

Tras el huracán, "te das cuenta que has vivido un embuste (...), que el gobierno te falló, que teníamos un sistema de luz que era de los años '40, y el gobierno en vez de renovarlo, se va pasando el tiempo, se queda ese sistema viejo y ¿dónde están los chavos (dinero) que eran para eso? Pues los chavos están en el gobierno corrupto. Y eso ha sido bien frustrante. Estábamos viviendo en un país que no es lo que creíamos", afirma Marisel con lágrimas en los ojos.

- Apretados pero a salvo –

"Fue bien difícil. Este trabajo constante de tener que buscar comida, hacer la fila hasta para entrar al supermercado, conseguir agua, es muy arduo para nosotros, no podíamos seguir así, no aguantamos una hora parados", explica González, que vivía en Bayamón, un suburbio de la capital San Juan.

"Además los precios se dispararon y no podíamos cocinar, el gas se acabó", relata.

Vivieron días sin agua ni luz, como en otro siglo. Más de un mes después del paso de María, el 75% de la isla sigue sin energía y posiblemente esta situación se prolongue meses.

González y su esposa se han encontrado con que la vida en Nueva York "es terriblemente cara". En el centro de asistencia averiguaron si tienen derecho a ayuda para conseguir una vivienda, asistencia médica, una pensión adicional para él porque es veterano del ejército estadounidense, o una pensión de seguridad social para ella por incapacidad física.

Su hijo Eugenio admite que ha perdido privacidad, pero no quiere quejarse. "Aunque tenga esas incomodidades prefiero que estén aquí conmigo y saber que están seguros, a que estén tratando de improvisar y sobrevivir en Puerto Rico", afirma.

"Ahora estoy más tranquila que están a salvo y que no están enfermos, porque tuvieron que bañarse o tomar agua sucia, y que no están pasando hambre porque no hay comida", acota su hija María, melliza de Eugenio, que vive con su novio en otro estudio en el mismo edificio.

Ayuda para conseguir casa, abrigos para enfrentar el gélido invierno -en Puerto Rico la temperatura promedio anual es de 27ªC- , asistencia médica, cupones de comida, útiles escolares: estos son los pedidos más comunes de las cerca de 65 familias que acuden cada día al centro de ayuda a las víctimas que abrió hace 10 días y no tiene fecha de cierre, explicó Johanna Conroy, una de sus responsables.