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Ibrahim Siam se pasó siete horas buscando a sus hijos entre la multitud durante su gran peregrinación a La Meca hace 30 años. En 2021, este egipcio dice vivir más tranquilo gracias a la tecnología que las autoridades sauditas desplegaron para el hach.

"Perdí de vista a mis hijos en el hach de 1993 y pasaron siete horas hasta que los encontré. Hoy en día, no me preocupo si se pierden mi mujer o las personas que me acompañan", confiesa este director financiero de 64 años.

La gran peregrinación anual de los musulmanes "acompaña las evoluciones y las expectativas de la era" digital, con el uso de nuevas tecnologías, añadió Siam, con una tarjeta electrónica amarilla en la mano.

Por segundo año consecutivo, el hach se vivió bajo la amenaza de la pandemia de covid-19, lo que llevó a las autoridades sauditas a desarrollar las "tarjetas electrónicas del hach", que este año permitieron el acceso sin contacto a los lugares santos, a los medios de transporte y a los alojamientos.

Verde, roja, amarilla o azul: el color de cada tarjeta se corresponde con las señales del suelo, que guían a los peregrinos durante las diferentes etapas del hach.

Las tarjetas electrónicas recogen la información básica de cada peregrino así como su número de inscripción, la localización exacta de su alojamiento y el apellido, número de teléfono y de identificación del guía que les acompaña.

Por internet, sin contacto

"Una vez me perdí en Mina (una de las etapas del hach, ndlr) y no era capaz de describir dónde me encontraba. Todos los campamentos se parecen. Pedí ayuda a los organizadores pero no pudieron hacer nada", cuenta a la AFP Hazem Rihan, un veterinario sirio de 43 años.

Solamente 60.000 personas, entre sauditas y residente del reino del Golfo, vacunados, pudieron participar este año en la gran peregrinación. En 2019, antes de la pandemia, acudieron 2,5 millones de fieles.

Todos los peregrinos tuvieron que presentar su candidatura por internet antes de obtener una autorización para participar este año.

"Antes, las cosas eran totalmente diferentes, nos perdíamos de camino al rezo o llegábamos tarde. Los esfuerzos eran en vano", dijo a la AFP Ahmed Achur, un farmacéutico egipcio que vive en Yeda, el importante puerto en el oeste del reino saudita.

"Desde el primer momento en el que hice la petición por internet para el hach, todo fue muy fluido. La envié, fue aceptada, pagué e imprimí la autorización", todo sin contacto, celebraba Achur.

La gran peregrinación llegó este año en el momento en el que más preocupan las variantes del coronavirus a las autoridades. Arabia Saudita registró en total más de 510.00 casos y 8.103 fallecidos.

Robots distribuidores de agua sagrada

"Es la llegada de la era digital, en la que todo será gestionado vía las nuevas tecnologías y sin contacto", declaró el subsecretario del ministerio del hach, Amro al Maddah, cuando se presentó la tarjeta electrónica.

El rey Salmán, en un discurso difundido el martes por la cadena pública de televisión, Al-Ekhbariya, alabó el "sistema digital del hach" que busca "reducir el personal necesario para el desarrollo del hach, manteniendo la seguridad de los peregrinos y de aquellos a su servicio".

A principios de mes, el ministro adjunto saudí del hach, Abdelfattah bin Suleiman Machat, aseguró que Arabia Saudita buscaba "usar la tecnología al servicio de los peregrinos".

Este año, en vez de las tradicionales fuentes y distribuidores de agua sagrada, son los robots los que entregan las botellas de agua sagrada a los fieles.

"El agua de zamzam (pozo sagrado para los musulmanes) en botella, es mucho mejor. Hay menos gente y no hace falta hacer cola", dijo a la AFP Aneela, una peregrina pakistaní-estadounidense de 37 años

La peregrinación, una de las mayores concentraciones religiosas del mundo, presenta siempre un riesgo alto de propagación de virus. Cada año, su organización supone un enorme desafío logístico, de seguridad y de salud.