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Los colegios y los restaurantes paquistaníes están cerrados, las tiendas bajan las persianas temprano y el ejército se ha movilizado para combatir la epidemia de covid-19. Pero noche tras noche hordas de fieles llenan las mezquitas para rezar.

Por miedo a que la catastrófica situación sanitaria de la vecina India se extienda a su país, las autoridades paquistaníes han reforzado últimamente las restricciones y han prohibido los desplazamientos con motivo del Aíd al Fitr, la fiesta que marca la ruptura del ayuno al final del mes del ramadán.

Pero hacen la vista gorda con las concentraciones religiosas, en las que suele ignorarse el distanciamiento social, para evitar enfurecer a los movimientos más conservadores de este país musulmán.

"Hay mucho miedo a una reacción violenta de los grupos religiosos", afirma Saeedulá Shah, un médico encargado de supervisar la lucha anticovid para la Asociación médica islámica paquistaní. "Es un gobierno muy débil", añade. "Todo se hace sin la más mínima convicción".

Pakistán ha registrado 18.500 muertos por casi 840.000 casos positivos de coronavirus, unas cifras bastante bajas para un país de 220 millones de habitantes. Los expertos creen que hay muchos más porque se hacen pocos tests y el estado del sector sanitario es desastroso.

En varias ciudades los hospitales están sobrepasados, con récords de casos diarios debido a la llegada de nuevas variantes.

El gobierno suplica a la población que respete las recomendaciones pero las mezquitas siguen siendo intocables.

Muhammad Iqbal Rizvi, un maulana (título honorífico en el islam) de la mezquita Markazi Jamia en Rawalpindi, una ciudad cercana a la capital Islamabad, asegura que los creyentes no tienen nada que temer y descarta las comparaciones con India.

'Alá es bondadoso'

"Nuestras oraciones son diferentes", declara a la AFP, y dice que hace cumplir las medidas de distanciamiento social. "(Los indios) son no creyentes y nosotros somos musulmanes. Arrepentirse ante Alá es nuestra fe. Ellos no se arrepienten, ese es el motivo" por el que India se ve tan afectada por la epidemia, sostiene.

Una convicción presente en todas las clases sociales. "En India la gente se muere en las calles (...) Alá ha sido bondadoso con nosotros con respecto al resto del mundo", declaró el jueves el primer ministro Imran Khan.

Pero pidió precaución. "Las próximas dos semanas son muy importantes para nosotros, tenemos que bajar el número de casos de coronavirus", reconoció.

A principios de semana, miles de chiítas se congregaron en varias ciudades para conmemorar la muerte del imán Alí, yerno del profeta Mahoma y figura fundadora del chiísmo.

En Islamabad empezaron adoptando precauciones pero se acabó imponiendo la euforia: los fieles se quitaron las mascarillas para, apiñados en filas, entonar cánticos religiosos y golpearse el pecho.

En Lahore (este) se juntaron casi 10.000 personas. Algunas se flagelaban para afirmar su piedad.

'Dispuestos a sacrificarnos'

"Estamos dispuestos a sacrificar nuestras vidas, nuestros hijos y nuestras familias", afirmó a la AFP el chiíta Haji Shahzad Jaffry en Islamabad.

"La enfermedad lleva un año ahí, pero los que se oponen a nuestras congregaciones y nuestra práctica del duelo llevan 1.400 años", añade.

En India, las concentraciones religiosas de las últimas semanas, como la inmensa peregrinación hindú Kumbh Mela que juntó a millones de personas, han sido en parte responsables de la tragedia en este país donde se registraron más de 21 millones de casos y 230.000 muertes.

Pero esto no disuade a los paquistaníes. Ashfaq Ahmed, de vuelta del Reino Unido, se sorprendió al ver las mezquitas abarrotadas con gente que ignora las medidas de distancia social. "Parece como si las personas estuvieran en una negación total", dijo a la AFP.

A pesar de las pruebas, las autoridades paquistaníes afirman que se siguen sus recomendaciones. "Si hay un lugar donde se aplican las directrices es en las mezquitas", dijo Imran Siddiqui, portavoz del ministerio de Asuntos Religiosos.

"Puedo llevarle a un mercado y a una mezquita cercana y verá con sus propios ojos que la gente en las mezquitas respeta mejor las medidas de seguridad", afirmó.

Según un sondeo publicado esta semana por Gallup Pakistán, el 64% de las personas siguen pensando que el coronavirus no es tan peligroso como se dice.

Y pese a las advertencias y a los muertos, los fieles acuden en masa a las mezquitas. "Dios es misericordioso con nosotros", sostiene Sohail Arshad, en la mezquita Markazi Jamia. "Si él envió la enfermedad, él será quien nos cure".