Última Hora

Unas 300 personas salieron a protestar hace un año en Moscú contra el inicio de la intervención militar rusa en Siria. Fue la primera y la última manifestación de este tipo, recuerda uno de los participantes, Serguei Davidis. 

"Por lo que sé, no hubo ningún otro evento dedicado al problema sirio y la implicación de las fuerzas rusas en ese conflicto", dice Davidis al recordar la manifestación.

Nada, ni debate público ni protestas, desde que el presidente Vladimir Putin enviara hace un año, el 30 de septiembre de 2015, a sus bombarderos, helicópteros y misiles de crucero al asalto de los "terroristas" en Siria, en apoyo de las Fuerzas Armadas del presidente Bashar al Asad.

Se trata de la primera intervención militar de las Fuerzas Armadas rusas fuera de sus fronteras desde la retirada de las tropas soviéticas de Afganistán en 1989.

"Es una guerra lejana que para la opinión pública no cuesta mucho y no hace mal, por lo cual fue excluida de la conciencia pública", resume Sergueï Davidis.

En Rusia, la principal preocupación es la recesión económica que vive el país desde hace 18 meses y las sanciones occidentales debido al conflicto en Ucrania.

La población, incluidos los opositores a Putin, no se interesan en Siria.

El gobierno ruso con el apoyo de las redes mediáticas favorables al Kremlin machacan el discurso que justifica la intervención.

Las fuerzas rusas intervienen a pedido de las autoridades legítimas de Siria en la lucha contra los "grupos terroristas", que constituyen también una amenaza para Rusia.

"Al comienzo, hace un año, la gente reaccionó con perplejidad e, incluso, con temor. Pero después la propaganda estatal empezó a convencerla", explica Lev Gudkov, director de Levada, un instituto de sondeos independiente.

Los rusos reciben diariamente una información exactamente opuesta a la que se difunde en los países occidentales, al punto que el secretario de Estado estadounidense John Kerry dijo que su homólogo ruso Sergueï Lavrov vivía en un "universo paralelo".

Desde hace una semana, mientras los medios de comunicación del mundo entero muestran imágenes atroces de las víctimas civiles causadas por los bombardeos rusos y sirios en Alepo, la televisión rusa multiplica los reportajes sobre el ejército sirio alrededor de la gran ciudad del norte de Siria.

Estos reportajes no muestran las imágenes de destrucción en los barrios rebeldes y destacan los ataques de los "terroristas" y los esfuerzos de las tropas gubernamentales para limpiar de minas la ciudad.

"Cualquier información negativa sobre lo que hace Rusia es presentada en el contexto de una guerra de información hostil, como propaganda antirrusa", resume Gudkov.

Por el momento, los rusos consideran, según los expertos, que la guerra en Siria no ha salido muy cara.

El gobierno insiste en que ningún soldado ruso combate en Siria, a pesar de la muerte de 21 rusos y la presencia de fuerzas especiales y consejeros militares en territorio sirio.

"¿Siria? No. La gente no habla del tema. La televisión muestra casi exclusivamente la ayuda humanitaria", afirma Irina, una obrera jubilada, cerca del Memorial de Moscú en homenaje a los 15.000 soldados rusos muertos durante la intervención del Ejército Rojo soviético en Afganistán.

Según un sondeo difundido el miércoles por el instituto público VTSiOM, los rusos que consideran que la situación mejora en Siria pasó de 48% en marzo, cuando se anunció la retirada de una parte importante del contingente ruso, a 27% en julio.

Sin embargo, la mayoría de los rusos, traumatizados por la guerra de Afganistán, que duró casi diez años, consideran que la historia no se va a repetir en Siria.

"Pienso que nuestra intervención en Siria y en Afganistán son completamente diferentes. No es a la misma escala", concluye Irina.