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Las autoridades filipinas exigieron el martes la rendición de los combatientes islamistas atrincherados en una ciudad del sur del país y poder proteger a los cerca de 2.000 civiles que están allí atrapados.

Más de un centenar de personas han  muerto en una semana de combates, desde que milicianos que afirman pertenecer al grupo yihadista Estado Islámico empezaran a saquear algunos barrios de Marawi, una ciudad de mayoría musulmana en este país mayoritariamente católico.

El presidente, Rodrigo Duterte, declaró la ley marcial en toda la región de Mindanao, donde viven 20 millones de personas. 

Pero los insurgentes, de los que en un primer momento los comandantes del ejército creían que había una centena, resisten desde hace ocho días a los bombardeos aéreos y a los combates callejeros. El martes, las autoridades les instaron a rendirse. 

"Les ofrecemos, a aquellos que están dentro, la posibilidad de rendirse. Les queda una oportunidad de entregar las armas", declaró a la radio DZBB el portavoz del ejército, Restituto Padilla. 

"Será mejor que así lo hagan, para que ninguna otra persona se vea mezclada en todo esto, y que ningún edificio más sea destruido". 

Al ser preguntado acerca de las razones de este llamado a la rendición, el portavoz de la presidencia, Ernesto Abella, indicó que la intención era "limitar los daños en el terreno de forma definitiva, para que los civiles se vean menos afectados". 

Las autoridades calculan que unos 2.000 habitantes de esta ciudad, que en general cuenta con 200.000 residentes, están atrapados en la aglomeración.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) afirmó que su situación era especialmente precaria a causa de la falta de alimentos, agua o medicamentos generada por su aislamiento, y de la amenaza constante que suponen los combates. 

Los enfrentamientos estallaron después de que las fuerzas de seguridad asaltaran un supuesto zulo de Isnilon Hapilon, considerado el jefe del grupo EI en Filipinas. 

Estados Unidos puso precio a su cabeza por valor de 5 millones de dóalres (4,5 millones de euros). Hapilon también sería uno de los dirigentes de Abu Sayaf, un grupo islamista especializado en secuestros. 

Pese a la acción de las fuerzas de seguridad, decenas de combatientes consiguieron repeler a los agentes y saquear la ciudad, izando las banderas negras del grupo EI. 

También tomaron a un cura y 14 personas como rehenes en una iglesia e incendiaron edificios. Se desconoce el estado de los rehenes.