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El ejército filipino intentaba el jueves acabar con los islamistas inspirados por la organización yihadista Estado Islámico (EI) en el sur del archipiélago donde, según los medios, asesinaron a civiles, justificando la instauración de la ley marcial por el presidente Rodrigo Duterte.

Los combatientes islamistas comenzaron el martes a arrasar la localidad de mayoría musulmana de Marawi, ataques que hicieron que Duterte decretara el régimen de excepción en toda la región de Mindanao.

Ésta se extiende sobre un tercio meridional del territorio filipino y en ella vive el 20% de los más de cien millones de habitantes del archipiélago.

Las autoridades dicen que tienen dificultades para poner fin a la crisis. Los combatientes islamistas están atrincherados en los edificios residenciales, han colocado bombas en las calles y retienen a católicos como rehenes.

"La gente tiene miedo. No quieren abrir los establecimientos. Las oficinas están cerradas. No queremos que la gente sea utilizada como escudos humanos", declaró el alcalde de Marawi, Majul Usman Gandamra.

Dos helicópteros militares sobrevolaban la ciudad y los blindados recorrían las calles mientras se oían las ráfagas de las armas automáticas, declaró un fotógrafo de la AFP en el lugar.

Muchos de los 200.000 habitantes de la ciudad huyeron. Según el ejército, cinco soldados, un policía y 13 yihadistas murieron en los enfrentamientos.

- Decapitación -

Las autoridades no anunciaron víctimas entre los civiles, pero la televisión GMA emitió imágenes donde se ven los cuerpos de nueve personas, aparentemente muertas por disparos. Las víctimas tenían las manos atadas.

Estas personas fueron capturadas en un punto de control y asesinadas por los yihadistas después de ser identificadas como cristianas, añadió la televisión, citando a un testigo.

Duterte anunció el miércoles que un jefe de la policía fue detenido y decapitado en uno de esos puntos de control.

Según fuentes militares, los yihadistas son solo 50 o 100.

Además, tienen retenidos a entre 12 y 15 católicos en una catedral, según el obispo de la ciudad, Edwin Dela Pena.

Los combates de Marawi estallaron después de un ataque de las fuerzas de seguridad contra un supuesto escondite de Isnilon Hapilon, considerado como el jefe del EI en Filipinas.

Estados Unidos considera a Isnilon Hapilon uno de los terroristas más peligrosos del mundo y ofrece cinco millones de dólares por su cabeza. Además, es uno de los dirigentes de Abu Sayyaf, grupo islamista especializado en los secuestros.

Pero las fuerzas de seguridad sufrieron un estrepitoso fracaso. Decenas de combatientes acudieron para frenarlas, antes de sembrar el caos agitando banderas negras del EI.

- 'Proteger a la población' -

Igualmente, los islamistas asaltaron dos prisiones, según Mujiv Hataman, gobernador de un distrito musulmán autónomo que comprende Marawi, e incendiaron varios edificios, incluido una iglesia y una universidad.

Ante esta situación y para "proteger a la población", el presidente Duterte amenazó el miércoles con extender la ley marcial a todo el país, que según él podía recordar a los tiempos de la dictadura de Ferdinand Marcos.

Abu Sayyaf, presente en la mayoría de las islas más meridionales de Mindanao, secuestró a cientos de filipinos y extranjeros desde los años 1990.

Según especialistas en seguridad, Isnilon Hapilon se esfuerza por unir a los grupos filipinos que han jurado lealtad al EI.

Desde los años 1970, la rebelión musulmana reclama una región autónoma o independiente en Mindanao y los combates con el ejército han dejado más de 130.000 muertos.

Abu Sayyaf, Maute y otros grupos afirman querer establecer un califato en nombre del EI, explican los especialistas.