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Por Anna CUENCA y Daniel BOSQUE, con Álvaro VILLALOBOS en Madrid

A golpe de porras y pelotas de goma, la policía española intervino este domingo en Cataluña para impedir el referéndum sobre la independencia, dejando casi un centenar de heridos en cargas contra los manifestantes que querían defender esta consulta prohibida por la justicia.

Desde primera hora de la mañana, policías y guardias civiles irrumpieron en distintos centros de votación en Cataluña, en ocasiones forzando puertas a golpes, para incautar papeletas y urnas e impedir así la celebración física de la consulta.

Ante las críticas de represión de los líderes independentistas, el jefe de gobierno español Mariano Rajoy afirmó que las fuerzas de seguridad "han cumplido con su obligación y con el mandato que tenían de la justicia". "Hoy no ha habido un referéndum de autodeterminación en Cataluña", celebró.

Los agentes tenían orden de cerrar los 2.315 puntos de votación previstos, y al intervenir, no dudaron en cargar contra aquellos que opusieron resistencia, echando mano de porras, empujones y pelotas de goma, según varios testigos interrogados por la AFP.

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Frente a ellos encontraron a cientos de personas concentradas desde antes del amanecer para proteger la votación. 

"Se han llevado las urnas por la fuerza, porque los presidentes de las mesas agarraban las urnas con las dos manos y se las arrancaban literalmente de las manos", explicó Marc Carrasco, apoderado del colegio barcelonés Ramón Llull.

Los servicios regionales de salud atendieron a 844 personas, entre las cuales había 92 heridos graves y menos graves. Uno de ellos fue alcanzado por una pelota de goma en un ojo y otro sufrió un infarto durante una incursión policial, señaló un portavoz regional de Salud.

El ministerio del Interior informó por su lado de 33 agentes atendidos médicamente.

- "Hemos votado" -

A pesar del dispositivo policial, se pudo votar en numerosos centros, donde se formaron inmensas colas de gente ante la lentitud del proceso, afectado por numerosos fallos informáticos. Un 73% de las mesas funcionaban a mediodía, según el gobierno regional.

"Mi voto y la satisfacción de haber votado no me lo puede quitar nadie, pase lo que pase. Incluso he llorado porque hace años que luchamos por esto, y he visto delante de mí una mujer de 90 años en silla de ruedas que votaba", contó en el pequeño pueblo de Lladó Pilar López, administrativa de 54 años.

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Al cierre de los colegios, a las 20H00, algunos seguían rodeados por ciudadanos para que se pudiera hacer el recuento. 

"Nos lo han puesto difícil pero finalmente pudimos votar. La gente es persistente, no deberían subestimarnos", decía Meritxell Casademont, profesora de 50 años en el barrio barcelonés de Gracia, entre cientos de personas gritando: "¡Hemos votado!".

En Nou Barris, un barrio mayoritariamente unionista, los ánimos eran muy distintos. Enrique Calvo, jubilado de 67 años, dijo que no ha votado porque no quiere "legitimar el proceso". "Esto está mal hecho tanto por el gobierno de la Generalitat como por el gobierno central en Madrid".

En la zona burguesa de la ciudad, Alexandra López-Liz miraba compungida a la multitud concentrada frente a otro colegio. "Me da mucha pena haber llegado a esto por la cejación del gobierno catalán en hacer un referéndum ilegal", criticaba esta abogada de 39 años.

La "excepcionalidad" de lo ocurrido llevó al FC Barcelona a tomar la decisión de jugar a puerta cerrada su partido liguero contra Las Palmas, que ganó 3-0, explicó el club.

- Cruce de acusaciones -

El presidente de Cataluña, el independentista Carles Puigdemont, denunció enérgicamente las actuaciones policiales, arremetiendo contra "el uso injustificado, irracional e irresponsable de la violencia por parte del Estado español".

El propio Puigdemont no pudo votar en el polideportivo donde estaba previsto, ya que la Guardia Civil entró en él por la fuerza para incautar el material electoral, ante las imprecaciones de decenas de personas.

El dirigente votó en otro colegio, gracias a que a última hora el gobierno catalán instauró un censo único, por el que los 5,3 millones de catalanes convocados pueden votar en cualquier centro abierto.

La vicepresidenta del gobierno español, Soraya Sáenz de Santamaría, cargó sin paliativos contra él, y acusó a su equipo de actuar "con una absoluta irresponsabilidad". "Continuar esta farsa no tiene ningún sentido", añadió.

- Años de tensión -

El referéndum, cuya pregunta es "¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de República?", culmina años de creciente tensión entre Madrid y el gobierno de esta región con lengua propia, que cuenta con 7,5 millones de habitantes y representa el 19% del PIB español.

Aunque divididos sobre la cuestión de la secesión, más del 80% de los catalanes reclama esta consulta, rechazada por el gobierno español de Mariano Rajoy, que la considera anticonstitucional.

Desde su convocatoria a principios de septiembre, rápidamente suspendida por el Tribunal Constitucional, la justicia y el gobierno españoles emplearon todos sus recursos para impedirla, incluyendo el envío de 10.000 refuerzos policiales, sin conseguir laminar la determinación de Puigdemont.