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En Costa Rica, las mujeres no solo anotan goles para ganar partidos, desde hace 70 años cada grito de gol ayudó a silenciar las voces de quienes han creído que ese es “un deporte para hombres”.

El fútbol femenino es más que una pasión. Solo visto así se puede entender por qué a diario decenas de mujeres lo practican, pese a ser señaladas como “machonas”.

Su origen en el país data del año de 1949, cuando los hermanos Bonilla crean el primer equipo femenino con jugadoras que, en aquel entonces, lo hacían a escondidas de sus familiares.

Aunque muchas futbolistas reciben una remuneración económica por jugar, no es un salario que les permita vivir de este deporte. Por eso, jugadoras como Jazmín Elizondo entrenan de madrugada para después salir a trabajar y seguir haciendo lo que más les apasiona.

A muchas futbolistas este deporte les ha permitido cumplir sus sueños y a otras, como Gabriela Valverde Tristán, le salvó la vida.

En esta entrevista, la actual guardameta del Sporting FC nos cuenta sobre su adicción a las drogas y cómo el deseo de volver al fútbol fue lo que la hizo levantarse y consolidar su carrera.

“Inicié jugando con hombres”, cuentan varias jugadoras cuando se les pregunta cómo y cuándo empezaron a practicar fútbol.

Karla Villalobos, la máxima goleadora del fútbol femenino, se iba a escondidas a jugar con sus amigos del barrio. Mientras en su casa, su mamá peleada con la idea de tener una hija futbolista, buscaba en psicólogos y doctores la forma de alejarla de las canchas.

Que el fútbol sea una herramienta para educar y desarrollar a las muchachas es la misión de equipos como Dimas Escazú.

Ellos desarrollaron un proyecto Académico Residencia que da un techo, familia y becas de estudio a jugadoras provenientes de zonas fuera del Área Metropolitana.