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Mónica Araya (San José, 50 años) se ha desempeñado en el sector ambiental "desde siempre", asegura, a pesar de vivir en Europa desde hace muchos años. Hoy, desde su domicilio en Ámsterdam, avanza en una trayectoria admirable en el sector ecológico internacional. Sin embargo, dice que ha logrado dejar un pie en Costa Rica durante todo este tiempo.

Su lucha por la sostenibilidad inició cuando tenía 19 años, y lleva los últimos 20 dedicándose a esta causa. En 2013 fundó Costa Rica Limpia, una iniciativa en la que trabajó durante varios años y cuyo enfoque fue la conciencia y el conocimiento ambiental en entornos locales. Sin embargo, no se detuvo ahí—estudió Economía en Costa Rica y Gestión Ambiental en Estados Unidos, obtuvo un doctorado en Gestión Ambiental de la prestigiosa Universidad de Yale--. Ha sido Asociada Senior del grupo ecologista E3G en Londres y del Instituto de Cambridge para el Liderazgo de Sostenibilidad. Su paso profesional también hizo eco en Francia donde, en 2014, fue nombrada por el Ministerio de Asuntos Exteriores como la “Personalidad del Futuro”. Su trabajo le permitió viajar en 2016 a la Antártida como miembro de la expedición más grande del mundo y, desde aquel momento, se ha desempeñado como asesora especial de “Champions Climate” de la COP26, y ha sido declarada como una “Distinguished Fellow” de la fundación ClimateWorks, a la vez que trabaja como asesora de la campaña global sostenible, Drive Electric.

Su más reciente logro fue ser nombrada por la BBC el año pasado dentro de la lista de las 100 mujeres más inspiradoras e influyentes en el mundo. Este es solo uno de los muchos galardones que ha recibido esta cofundadora de la Asociación para la Movilidad Eléctrica costarricense (ASOMOVE), cuyas charlas en TED ya acumulan más de tres millones de visitas.

Teletica.com conversó con Araya para conocer más sobre su trayectoria como una de las profesionales más destacadas de nuestro país en el extranjero y como una de las grandes voces de la sostenibilidad ambiental a nivel mundial. Esta semana se conmemoró el Día Internacional de la Mujer y, como no podía ser de otra manera, destacamos el trabajo de Araya como uno de los grandes aportes que ha dejado una mujer como ella en nuestro país y en el mundo.

En un mundo tan polarizado por las redes sociales, los esfuerzos climáticos se han convertido en un blanco de ataques y en un tema divisorio en cuanto a ideologías. ¿Esto es algo que usted ha percibido en su trabajo?

Vivimos en un mundo donde si vos decís “vieras cómo me gusta el sushi”, la persona lo que oye es “a mí no me gusta la pizza”. Sobre todo para quienes trabajamos en temas climáticos, que se han vuelto en alguna medida controversiales, ya que requieren de cambios más dramáticos, y la gente asume que son excluyentes. Me pasa que yo, que trabajo en movilidad eléctrica, puedo promover el transporte eléctrico, pero eso no significa que no vaya a apoyar la creación de zonas verdes en espacios urbanos o el uso de la bici, porque la gente cree que si estás apoyando una cosa, estás excluyendo a la otra. No es así.

Creo que el secreto está en encontrar las ideas compartidas. He trabajado mucho con personas que no están interesadas en abocarse a temas ambientales, pero luego te dicen que les interesan mucho los ríos. Entonces, eso da pie a una conversación muy interesante partiendo de lo que a esa persona le interesa, y luego vas viendo que tenés un montón de cosas en común y que, finalmente, a esa persona le interesa aportar a la agenda climática porque sabe que eso tendrá un impacto sobre lo que a él o ella le importa. Estas conversaciones constructivas son mucho más eficaces que simplemente imponérsele a alguien diciendo “a usted le tiene que importar el cambio climático”.

¿Cuál es su visión de Costa Rica después de tantos años viviendo en el extranjero?

Costa Rica es como una síntesis del mundo, porque, por un lado, tenés un país chiquitito que podría ser insignificante y calladito, como Uruguay, que tiende a guardar silencio en los procesos globales a pesar de tener cosas muy interesantes. Sin embargo, Costa Rica, por ser un hub turístico y por ser un país con una voz que cuenta en los procesos del clima, me parece que sí se vale decir que nuestro país puede ser un laboratorio de las causas ambientales, precisamente por nuestro tamaño.

No creo que Europa ni Estados Unidos ni China, que son países tan grandes, vayan a ser los primeros del mundo en lograr hacer las transiciones pioneras en pro de la sostenibilidad. Aquí es mucho más viable, te lo ilustro con un ejemplo: la descongestión vial.

Si vos te ponés a ver El Cairo (Egipto), o Los Ángeles (EE. UU.) y São Paulo (Brasil), y vos tenés que resolver un tema de congestión vehicular, eso resultará difícil. Son muchos millones de ciudadanos, son ciudades enormes, sistemas muy complejos, con mucho que resolver. Por eso aquí tenemos que ponernos ya las pilas, porque la verdad es que Costa Rica entera es más pequeña que Bogotá. Entonces, francamente, estamos ahogados en un vaso de agua. Porque el tema de la congestión en San José sí tiene una solución. No necesitás traer a ocho premios Nobel ni traer a una comisión global para resolverlo.

El tiempo que pierden los costarricenses cada día en presas es una consecuencia de la debilidad en las políticas de ordenamiento territorial.

O sea, que el problema de las presas que tanto nos aqueja sí tiene una solución. ¿Cuál sería?

Empecemos por listar algunas de las soluciones básicas: no vamos a salir adelante con el modelo que tenemos de asignación de transporte público, porque está roto. Ya no aguanta más remiendos, y necesitamos electrificarlo y hacerlo moderno y digno. Francamente, ya hay ejemplos en Bogotá y en Santiago de electrificación de cientos, no de dos o tres, sino de cientos de buses. Ninguna ciudad, ni Ámsterdam, ha logrado una solución única. Necesitamos dar opciones y que la gente escoja, y que estas opciones sean cero emisiones.

En segundo lugar, hemos aprendido varios principios organizativos de la ciudad que hay que priorizar. Sabemos que en el centro urbano tenemos que darle espacio a la gente, para aliviar la congestión y para mejorar la calidad de vida de quienes lo transitan cada día. Tenemos que ir creando espacios más peatonales para que la gente se apropie de la ciudad, que la quiera, que la sienta caminable. Luego, necesitamos generar más espacios de transporte público y no hay forma de desenredarlo con un modelo operativo que tenga tantos dueños (de buses). Vamos a necesitar menos líneas, que sean más prósperas y, eventualmente, tendremos que buscar modelos de financiamiento alternos.

El modelo que tenemos en Costa Rica de propiedad de los buses, que son muchos, hace que sea imposible para estos dueños asumir los costos de comprar un bus eléctrico, también hace que sea más complicado el proceso para optimizar las líneas y modificarlas para evitar las presas.

Una de las cosas que más me ha sorprendido es que, por las carencias en nuestro transporte público, muchas empresas se vean obligadas a comprar buses para trasladar a sus empleados hasta el Coyol, o hacia las zonas francas, y si vos ves, ese costo de comprar los buses, pagar la gasolina, el chofer; además de que crea más congestión, porque son más buses, es un costo enorme para las empresas. No hemos logrado hacer calar que incluso personas que no toman el bus se pueden beneficiar de un modelo de transporte de mejor calidad.

En tercer lugar, no puede ser que, teniendo lugares tan hermosos fuera de la capital, visitemos San José y veamos esos humarascales, que por cierto afectan mayoritariamente a los niños y ya hay estudios que han comprobado que ellos, al estar a una altura similar a la de las muflas, son los que están más expuestos a la contaminación atmosférica.

No podemos, en pleno siglo XXI, en medio de una electrificación del transporte global, no ver una oportunidad. Pensalo, ya toda nuestra vida es eléctrica; te secás el pelo con la secadora gracias a la electricidad, usamos un celular que sirve con electricidad, usamos electrodomésticos que mayoritariamente operan también con electricidad. ¿Por qué en Costa Rica, donde tenemos electricidad prácticamente renovable, vamos a traer más petróleo? Un líquido negro, de fuera, que viene de un proceso de extracción que sabemos que ocasiona el cambio climático, que luego lo vamos a quemar, traerlo a una refinería, transportarlo en cisternas, llevarlo a las gasolineras; es que, si lo pensás fríamente, es un proceso muy complejo. Especialmente tomando en cuenta lo que esto le cuesta al Estado.

Cuando veo que hay grupos que proponen la explotación petrolera en nuestro país, solo pienso que eso es como si un día dijéramos “invirtamos en una fábrica para hacer aparatos de fax”, ¿por qué? ¿Por qué apostarle al fax cuando sabemos que lo que se está usando ahora y se usará a futuro son los teléfonos inteligentes? Lo mismo ocurre con el petróleo y la energía limpia. Invertir en él es invertir en algo que ya vemos que tiene una fecha de caducidad en las grandes economías mundiales.

En modo de resumen, para solucionar los problemas de congestión vehicular, hay que buscar formas de reducir la cantidad de carros que hay en el centro, apostarle a una inversión en electrificación del transporte público y priorizar los espacios en las vías para el bus (y así evitar las presas que vemos en lugares como Desamparados y Alajuela). Luego, crear espacios para las bicicletas, porque cada vez vemos más usuarios, y garantizar que sea más seguro para ellos. Finalmente, consolidar la idea de que, sin importar el medio de transporte --sea un taxi, un carro, un rentacar o una moto--tienen que ser cero emisiones, y eso ya está pasando en otros países. Más importante aún, que se hagan todos estos esfuerzos de manera simultánea, para que el cambio sea real y sentido.

Sin embargo, a veces el problema no tiene que ver tanto con la disposición de los líderes sociales y políticos, también tiene que ver con el dinero, que no suele ser suficiente para cubrir la envergadura de estas propuestas.

Hoy Chile tiene la flota de buses eléctrica más grande América Latina. ¿Cómo lo hicieron? Pues desarrollaron un modelo de leasing (arrendamiento) y el éxito vino desde el lado financiero, mediante empresas de inversión que estaban interesadas en ayudar. Así fue como levantaron un billón de dólares, lo anunciaron en la COP26 del año pasado, y ese dinero lo destinarán a cuatro ciudades latinoamericanas: Medellín, São Paulo, Ciudad de México y Santiago. 

Quienes formularon esta propuesta hicieron un trabajo de meses: lograron que los alcaldes se comprometieran, luego fueron a las empresas de buses eléctricos para que se comprometieran con venderlos, luego buscaron a los inversores. El modelo se llama Zebra y la única razón por la que no está en Costa Rica es porque en nuestro país las líneas no están ordenadas, y es más fácil limpiar y organizar cuando no hay tantas empresas dueñas de líneas de bus. 

Hay soluciones, por ejemplo, que haya una fundación financiera en Costa Rica que se comprometa a comprar 200 buses eléctricos siguiendo un modelo parecido y que después se los alquilen a los buseros, y que estos paguen un porcentaje a cambio de tener un mejor bus, que al largo plazo resultará más rentable porque serán de mejor calidad y tendrán un mantenimiento mucho más barato. Hay que pensar en cómo solucionar ese modelo financiero, porque no es imposible.

¿Usted cree que en nuestro país tenemos la mentalidad y la disposición para emprender en un cambio de este calibre?

Internacionalmente, se ha creado esta historia de que somos perfectos; extranjeros te conocen y te dicen “Costa Rica, wow" y luego vas a San José y hablás con la gente y percibís lo contrario. Uno se pregunta, entonces, "¿cuál es la verdadera Costa Rica?". Lo que hago para poder conciliar estas ideas es pensar que nuestra historia se tiene que contar al revés: dado que estamos en Centroamérica, dado que somos un país en desarrollo, dado que hay tantas dificultades, más bien nuestro país es un milagro. Porque, conociendo nuestras debilidades e improvisaciones, sabiendo que podemos ser muy chapas (porque nuestra cultura no suele ser la de la precisión, se inclina a dejar las cosas para último momento), sabiendo todas nuestras limitaciones y lo que tenemos en contra, más bien es casi un milagro que hayamos hecho cosas tan interesantes y que estas hayan salido bien. Tenemos todo para ser un país del montón, y no lo hemos sido.

Cuando voy, me doy perfecta cuenta de que hay retos, y no es que seamos una "estafa", como alguna gente quiere hacer creer, porque a veces esa es la narrativa, pero creo que más bien tenemos cosas extraordinarias que coexisten con cosas inaceptables y necesitamos entender para que lo que tenemos de extraordinario nos ayude a parar todo lo que nos está debilitando.

¿Cuáles son algunas de las consecuencias del cambio climático que más le preocupa vayan a afectar a Costa Rica?

Ya entramos en lo que la ciencia ha titulado como el futuro del clima extremo, y eso en Costa Rica no lo hemos todavía internalizado y tenemos que hacerlo con calma. La meta no es alarmar, hay que pensarlo casi como un avión; si el piloto le avisa a los pasajeros que habrá una turbulencia, esto no significa que vaya a suspender el vuelo, sino que tomará las medidas de seguridad necesarias en el viaje de antemano para poder sobrellevar esa turbulencia. Con el tema del cambio climático sabemos, por todo lo que nos ha dicho la ciencia, cuáles son los escenarios para Centroamérica, para Groenlandia y la Patagonia. Lo que pasa es que ¿cómo hacés para llevar ese conocimiento a lugares como, por ejemplo, Upala? ¿Cómo podemos hacer para que los alcaldes y los gobiernos locales empiecen a concentrarse en buscar planes de contingencia para los desastres naturales que vienen con el cambio climático y que ya hemos empezado a ver en esas regiones?

Hay otro elemento importante, y es que un país exportador como el nuestro, que depende tanto de lo que vende al mundo además del turismo, tiene que pensar en esto de cara al futuro. Tenemos que preguntarnos dónde está la oferta exportable de nuestro país y ver los escenarios climáticos para esas regiones, porque si la oferta exportable de los próximos 10 años está en provincias altamente vulnerables al cambio climático, o si dependen de un puerto que está en una zona que podría verse afectada, eventualmente esto va a golpear nuestras exportaciones. No lo digo en un sentido alarmista, lo digo porque reflexionar sobre estas cosas es como comprar un seguro, hay que ser precavidos.

Mi aspiración sería lograr una forma de pensar donde pudiéramos decir, "aunque este partido y este otro no se puedan poner de acuerdo en tantos temas, en lo climático, que es de interés nacional, tenemos que ponernos todos de acuerdo".

¿Por qué lo digo? Porque tenemos un patrón costarricense de personalizar los proyectos, entonces se nos hace difícil hablar de temas sin asignarlos a una sola persona o a su partido. A mí me parece que una lección a futuro es que los proyectos estratégicos país--sea un tren, un puerto resiliente, medidas para frenar el cambio climático, sea lo que sea--cuando sean proyectos de valor estratégico, debemos evitar personalizarlos y asociarlos a un solo partido o ideología política.

Tenemos que ponernos una regla de que estos sean proyectos de interés para todos los costarricenses, para justamente evitar la personalización, porque vemos que este fenómeno está presente en varios frentes, no solo con lo que vimos que ocurrió con el proyecto del tren eléctrico. Yo creo que eso viene de ser un país tan pequeño.

Upala ha sido una de las zonas más afectadas por tormentas sin precedentes en los últimos años.

Ya que menciona el tema del tren eléctrico, ¿usted qué opina sobre el desenlace de este proyecto, que muchos califican como un chasco comparado con las expectativas que se tenían?

Desafortunadamente, esto se llegó a ver solo como un proyecto de la Primera Dama y de su partido (PAC), y eso le quita a los demás partidos el incentivo para que tenga éxito. Quienes impulsen estos proyectos van a tener que darle la vuelta a esa percepción y entender que, para tener éxito, se va a necesitar el apoyo de otros grupos y de otros partidos, para que no sea solo un proyecto propio. Vamos a tener que buscar una fórmula ganadora de decirle a los demás que, aunque no nos pongamos de acuerdo en otras cosas, debemos esforzarnos por hacerlo con estos proyectos puntuales.

Esta es una de las cosas que más autoestima le darían al país si se resuelven, aunque haya tantas. Hacerlo sería pasar de decir “esto es imposible” a decir, “suave un toque, hay ciudades más complejas como Bogotá o como Santiago que lo están resolviendo”. Necesitamos descomplicar este rompecabezas porque sí lo vamos a poder resolver, no somos una ciudad grande, populosa, ni compleja como El Cairo o São Paulo.

El tema del tren ilustra que en realidad no se trata tanto del tren persé; puede ser que el estudio esté mal hecho, o que no haya factibilidad, o que hayan hecho mal el reporte, pero yo creo que en el fondo se trata de un tema de incentivos. Que no tenemos incentivos de partidos ni de instituciones de trabajar en proyectos comunes, por eso hay que pensar cómo unir a diferentes grupos de interés y dejar de poner todos los huevos en la canasta de un mismo gobierno, porque eso ya deberíamos de trascenderlo.

TED Talk de Mónica Araya en 2016.


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