Por Teletica.com Redacción 8 de junio de 2026, 9:30 AM

La película Backrooms no puede entenderse únicamente como una obra de terror. Se trata de la cristalización cinematográfica de uno de los fenómenos más inquietantes surgidos en Internet.

Su evolución, desde una imagen anónima publicada en el foro 4chan hasta convertirse en una narrativa audiovisual compleja, refleja cómo el horror digital contemporáneo dejó de depender de monstruos visibles para explorar miedos existenciales y psicológicos más profundos.

Todo comenzó con una fotografía aparentemente simple: un espacio amarillo vacío, iluminado por luces fluorescentes, compartido en un hilo de “imágenes inquietantes” en 4chan. La frase que acompañó aquella publicación terminó definiendo el mito: “If you're not careful and you noclip out of reality…” (Si no tienes cuidado y atraviesas los límites de la realidad...).

El concepto de “noclip”, tomado de los videojuegos, adquirió en este contexto un significado perturbador: la posibilidad de caer accidentalmente fuera de la realidad y atravesar hacia dimensiones desconocidas.

El aporte de Kane Parsons

El verdadero terror de los Backrooms no reside en los monstruos, sino en la sensación liminal: espacios familiares que se sienten incorrectos. Kane Parsons, a través de sus cortometrajes en YouTube, transformó el creepypasta original en una narrativa cinematográfica más compleja. Introdujo el “terror científico” mediante el The Async Research Institute, una corporación que no descubre los Backrooms, sino que los crea.

Este giro convierte el fenómeno en una metáfora del capitalismo tecnológico: la obsesión humana por controlar espacio, tiempo y materia, con consecuencias devastadoras.

Ansiedad colectiva y estética perturbadora

La película sugiere que los portales hacia los Backrooms no son simples puertas, sino estructuras ligadas a la conciencia. El espacio se vuelve orgánico, mutable y casi consciente, generando desorientación y pérdida de identidad.

La colorimetría amarilla desaturada, cercana al deterioro y la humedad, refuerza la sensación de ansiedad. El uso de cámara en mano y planos subjetivos impide al espectador construir un mapa coherente del entorno, provocando estrés cognitivo.

El sonido, minimalista y dominado por un zumbido eléctrico constante, funciona como frecuencia de tensión psicológica. Así, los Backrooms no son otro mundo: son la expansión física de la ansiedad colectiva contemporánea.

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