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La línea dura adoptada por Donald Trump hacia la República Popular China, que también viola tratados, es igualmente apoyada por muchos demócratas en Estados Unidos. En los acalorados tiempos de Trump, los problemas de Hong Kong y Taiwán, ambos lugares que han sentido con rigor el nuevo control autoritario de Pekín, fueron dos de los pocos temas que no fueron controvertidos entre republicanos y demócratas. En el Congreso, ambas partes han tomado medidas conjuntas contra los abusos de los derechos humanos cometidos por China.

Joe Biden ciertamente no cerrará las iglesias cristianas en Estados Unidos o dejará que la gente aprenda chino para halagar a Pekín y someterse a los comunistas, como afirmó Donald Trump en la campaña electoral. Es más probable que ocurra lo contrario, porque se considera que el enfoque de política exterior de la administración Obama, que se basó en la conciliación, ha fracasado. Episodios como el del Dalai Lama, teniendo que usar la entrada de servicio en Washington, mientras que Pekín le extiende la alfombra roja a los mulás de Teherán, definitivamente deberían ser cosa del pasado.

La influencia en las organizaciones internacionales

Además, para posicionarse adecuadamente frente a China, EE.UU. tendrá que recuperar y ampliar su papel en las instituciones internacionales. En los últimos cuatro años, China ha ampliado su influencia en los organismos de la ONU: en las Naciones Unidas fue propagada una versión china de los "derechos humanos" que excluye todos los derechos civiles. En la Organización Mundial de la Salud, Pekín usó su poder para restar importancia a la pandemia al comienzo de esta. La mayor parte de la presión sobre la República Popular deberá ejercerse a través de la Organización Mundial del Comercio.

Sin embargo, el tema más importante para la administración Biden será Taiwán. Pekín amenaza al país insular democrático e independiente con la anexión. Donald Trump mejoró las relaciones con Taipei como ningún otro presidente en las cuatro décadas anteriores a él. Con Donald Trump, Estados Unidos no terminó de definir de manera concluyente su garantía de seguridad para Taiwán, que se remonta a una época en que la isla tenía más peso económico que China: ¿Se llegará a una intervención militar si Taiwán es atacado desde el continente?

La importancia estratégica de Taiwán

La administración Biden tendrá que averiguar desde el principio si está dispuesta a ir a la guerra por Taiwán. Para EE.UU., el país no solo es un baluarte contra Pekín directamente frente a su costa, sino que también es uno de los principales productores de chips de computadora para todo el mundo. Pero, ante todo, Taiwán es un socio democrático que, en Asia Oriental, junto con Corea del Sur y Japón, forma un eje de amistad con las democracias de todo el mundo.

Con la derrota electoral de Donald Trump se retira del escenario político alguien que rinde homenaje a los autócratas y desprecia el sistema democrático. Esas son buenas noticias. Sin embargo, los próximos pasos que dé su sucesor serán decisivos para sentar las bases de un resurgimiento sostenible y a largo plazo de un orden democrático y libre.

Alexander Görlach es miembro principal del Consejo Carnegie de Ética en Asuntos Internacionales e investigador asociado en el Instituto de Religión y Estudios Internacionales de la Universidad de Cambridge. Tiene un doctorado en lingüística y teología y fue becario y profesor visitante en la Universidad de Harvard de 2014 a 2017, y profesor visitante en la Universidad Nacional de Taiwán y en la Universidad de la Ciudad de Hong Kong de 2017 a 2018.