Hoy en día, a menudo la sal tiene mala fama, porque puede ser un riesgo para la salud debido al uso excesivo en alimentos procesados. Sin embargo, en el pasado, la sal natural se consideraba una mercancía valiosa, tanto que se la conocía como el "oro blanco".

Antes de que se inventara el sistema de refrigeración, la sal se usaba para conservar la carne, el pescado y las verduras. Así se aseguraba que hubiera suficiente comida, incluso durante el invierno. Los aventureros podían realizar viajes más largos con suficientes víveres en su equipaje. La sal también se intercambiaba por bienes y servicios. Incluso se llegaron a construir caminos para su transporte.

En Europa, los celtas y los romanos valoraban mucho la sal. Estos últimos pagaban a sus funcionarios el salario, en latín "salarium”, con bolsas de sal, que se podían usar como moneda de cambio.

Variedad de usos

Con los métodos modernos de extracción, es posible procesarla y extraerla de depósitos subterráneos o de rocas. Durante siglos y hasta el día de hoy, también se la ha obtenido del agua de mar. El agua de mar se deposita en pequeños estanques o charcas. Allí se evapora y quedan restos de cristales de sal que se endurecen al sol. De esta forma se produce la apreciada flor de sal.

Además de usarse para la comida, también se emplea en la industria, como la limpieza o con fines médicos: hacer gárgaras con agua salada alivia el dolor de garganta y problemas respiratorios o cutáneos. Y, por supuesto, es indispensable en el funcionamiento del organismo humano.

Dada su importancia, no es sorprendente que la sal también forme parte del idioma. Haga clic en la galería para conocer algunas de las expresiones alemanas que se refieren a la sal.

(rmr/cp)

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