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El funeral del asesinado presidente de Haití, Jovenel Moïse, tuvo lugar este viernes en medio de manifestaciones y el sonido de disparos que pusieron en aprietos a las fuerzas de seguridad encargadas de mantener el orden, en un acto al que concurrieron dirigentes y políticos de distintos países, además de la viuda del mandatario, que apareció por primera vez en público tras el asesinato.

Los disparos obligaron a la abrupta salida del lugar de la delegación estadounidense, mientras otros dignatarios buscaron refugio en vehículos. El funeral de estado tuvo lugar en la ciudad de Cabo Haitiano y tenía como fin fomentar la unidad nacional, pero las protestas muestran el profundo abismo que separa a la sociedad haitiana, lo que quedó reflejado el 7 de julio, cuando unos hombres armados ingresaron sin oposición a la casa del mandatario, disparándole en repetidas ocasiones.

Durante la homilía por Moïse, se sintieron los gases disparados por la Policía en el punto en el que se celebraban las exequias, que dista unos 500 metros de la entrada de la residencia familiar que acogió el funeral. Los disparos se hicieron más evidentes al concluir el acto, en ráfagas de no menos de seis disparos cada vez, que la Policía hacía para abrir paso a las numerosas comitivas que salían de la finca.

"Abandonado y traicionado”

El foco de la tensión en esta jornada se concentró en las inmediaciones del punto donde se desarrollaba la ceremonia. En su discurso, la primera dama, Martine Moïse, quien resultó herida de bala en el ataque, pidió justicia para el asesinado presidente. "Fuiste abandonado y traicionado. Tu asesinato expuso la fealdad y cobardía", dijo.

La mujer aseguró que "el mayor pecado" de Moïse fue "amar a su país. Defender a los más débiles frente a la codicia de otros". "Fuiste brutalmente asesinado. Se ha conspirado contra ti. Te odiaban, te lanzaron veneno", dijo Martine visiblemente afectada. Afirmó que "las aves de rapiña" que mataron a su marido "siguen corriendo por las calles. Ni siquiera se esconden. Están ahí observándonos y escuchándonos".

El ataúd, cubierto por la bandera nacional y la banda presidencial, estaba expuesto en una explanada adornada de flores. Los restos eran custodiados por soldados de las Fuerzas Armadas de Haití. Con el rostro cubierto por una mascarilla con una foto de su marido, la viuda se inclinó sobre el ataúd. Representantes de delegaciones extranjeras, del cuerpo diplomático y miembros del gobierno se turnaron para ofrecerle el pésame, en un funeral abierto que podía ser visto desde grandes pantallas desplegadas alrededor.

Ariel Henry, el nuevo primer ministro, quien asumió el cargo el martes, ha prometido llevar ante la justicia a los responsables del asesinato, así como restablecer el orden para organizar las elecciones exigidas por la población y la comunidad internacional. Haití actualmente no tiene un Parlamento en funcionamiento y cuenta solo con un puñado de senadores electos. El gobierno interino no tiene presidente.