18 de marzo de 2026, 18:36 PM

Bernal Fonseca / Comunicador y triatleta de alto rendimiento. 

Durante mucho tiempo la humanidad ha perseguido una idea de grandeza. 

En un mundo cada vez más competitivo, donde el poder parece ser la medida del éxito, surge una pregunta inevitable: ¿dónde está realmente la grandeza?  

En su nombre se han cometido injusticias, se han violentado derechos humanos y se han roto vínculos que alguna vez fueron genuinos. La grandeza se ha confundido con estatus, con reconocimiento, con la capacidad de dominar o dirigir a otros en una sociedad cada vez más convulsa. 

Pero en los últimos días me he hecho una pregunta distinta. ¿Qué será de mi vida cuando termine? ¿Quién la recordará? ¿Será lo suficientemente significativa como para que, con el paso del tiempo, alguien vuelva a hablar de ella? 

Esa reflexión me llevó a una conclusión simple, pero profundamente desafiante: lo memorable y la verdadera grandeza se encuentran en un mismo lugar. 

Aparecen cuando decidimos salir de nosotros mismos. Cuando dejamos a un lado el ego, la búsqueda constante de reconocimiento y el afán de acumular para nosotros. Cuando utilizamos nuestras capacidades, nuestros talentos y nuestros medios para entregarnos a los demás, para construir espacios de progreso común y para levantar la voz por quienes no han tenido las mismas oportunidades. 

Hoy quiero dejarlo claro en estas líneas. 

Es la primera columna que escribo después de mucho tiempo. En ese tiempo he acumulado experiencias que me han llevado a resumir una convicción que hoy guía mi forma de vivir: la grandeza está en servir a los demás con lo que hoy tenemos en nuestras manos. 

Algunos podrían preguntarse entonces: ¿de qué va a vivir alguien que decide caminar por ese camino? ¿Cómo sostendrá sus propias necesidades? 

Precisamente ese temor es el que muchas veces nos impide explorar otras formas de vivir. Nos quedamos atrapados en las mismas preguntas y dejamos de buscar nuevas respuestas. 

Yo quiero seguir explorando. Quiero impulsar acciones que me saquen de mí mismo y que me obliguen a recordar que no necesito tanto de lo mío como necesito de los demás. Necesito ofrecer lo que hago para que tenga sentido en la vida de otros. 

Estoy convencido de que, con el tiempo, esa manera de vivir conecta a las personas correctas. Personas y organizaciones que comparten una misma visión y que terminan creando las condiciones para sostenerse, acompañarse y seguir construyendo. 

No soy perfecto. He cometido muchos errores, muchos. Pero tengo la convicción profunda de seguir intentándolo. 

Hoy quiero invitarlos a recorrer este camino conmigo y con tantos otros que lo han decidido mucho antes. Personas que comprendieron que su identidad también se encuentra en el otro y que eligieron servir, sembrar un legado construir un recuerdo que valga la pena mientras tengan la oportunidad de hacerlo. 

Gracias por leerme. 

Estoy convencido de que decir DMOLE no es repetir una frase. Es una forma de actuar según aquello que nos mueve por dentro. 

Soy Bernal Fonseca Solano: hijo de Dios por gracia, comunicador, triatleta de alto rendimiento, inquieto, soñador, ambicioso y profundamente convencido de que la grandeza se encuentra en servir a los demás. 

Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores corresponden únicamente a sus opiniones y no reflejan las de Teletica.com, su empresa matriz o afiliadas.


YouTubeTeleticacom