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Desde que escuché la frase me quedó escrita con letras imborrables en la mente.

Me la dijo un buen amigo, don Javier Badilla, programador lingüístico, en una entrevista en 7 días Radio.

"La diferencia entre un sueño y una meta es una fecha" aseveró con esa claridad y animo que lo caracteriza.

La busqué en la web y me encontré con que es una frase común pero muy llena de verdad.

Creo que don Javier tiene toda la razón. ¿Quién no quiere perder esos kilos de más ganados en diciembre?, ¿quién no quiere aprender ese idioma desde hace años?, ¿quién no quiere empezar a ahorrar para el viaje planeado?, ¿quién no quiere por fin tener su casa propia?

Esas son sueños muy válidos y frecuentes, pero para convertirlos en metas debemos poner una fecha.

¿Quiero retomar el gimnasio? Lo hago a partir de la otra quincena. ¿Quiero compartir más en familia? Empiezo este sábado. ¿Quiero viajar? A partir del próximo viernes empiezo a ahorrar para irme a ese destino que siempre he querido conocer.

La mayoría de los sueños que tenemos a inicio de año son los mismos que hemos tenido en eneros anteriores, pues posiblemente no le ponemos fecha a nuestra meta.

Hagámoslo; lo peor que podría pasar es que una vez más la pongamos en nuestra lista de sueños el siguiente año, pero lo mejor que podría resultar es que en esta oportunidad la historia sea positivamente diferente.