20 de mayo de 2026, 14:04 PM

MSc. Henry Álvarez / coach en desarrollo humano, liderazgo y familia.

En el artículo anterior hablamos sobre la incidencia del factor social en la violencia, la cual tiene diferentes causas. En esta ocasión ahondaremos en el factor psicológico

  1. ​La baja tolerancia a la frustración y a la impotencia de manejar el enojo se convierten en agresividad. 
  2. Los problemas de salud mental, trastornos como depresión, ansiedad, de personalidad o traumas en la niñez sin resolver, pueden influir en conductas violentas; a esto se le añaden patrones aprendidos en la familia. 
  3. El aprendizaje social, por ejemplo, si alguien ha aprendido que la violencia “funciona” para conseguir respeto o control, es más probable que la repita. Como mencioné anteriormente, los patrones aprendidos se van perpetuando de generación en generación.  
  4. La impulsividad y falta de control, que es dificultad para pensar antes de actuar. Como dijo el rey Salomón: “Más vale ser paciente que poderoso; más vale tener control propio que conquistar una ciudad”, Proverbios 16:32.  
  5. Baja autoestima o inseguridad: Algunas personas usan la violencia como forma de sentirse superiores o proteger su ego; es esa incapacidad de reconocer sus errores, por su falta de humildad acompañada por su egocentrismo y machismo, ya que quieren demostrar su poder sobre la otra persona, incurriendo en la violencia. Siempre en toda violencia hay una relación de poder. 
  6. Deshumanización del otro: Ver a otras personas como inferiores o enemigas facilita justificar la violencia; cuando nos sentimos superiores a la otra persona. Como personas, todos somos valiosos, pero cuando eso se pierde, caemos en la violencia.  

Para concluir, lo importante es entender que estos dos factores: el sociológico y el psicológico, no actúan por separado. Por ejemplo, una persona que crece en pobreza (factor social) y además tiene dificultades para controlar sus emociones (psicológico) tiene mayor riesgo de incurrir en la violencia. 

Cualquiera que sea el factor, lo más importante es identificar el problema y buscar ayuda para controlar los impulsos agresivos que, si no controlamos, nos pueden llevar a sufrir las consecuencias que pueden llegar a ser nefastas. 

En el próximo artículo veremos el factor espiritual. 


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