14 de abril de 2026, 17:42 PM

Rodolfo Brenes, doctor en Ciencias Jurídicas.

Enterrado en lo profundo de una fosa que, según la investigación judicial, habría mandado a cavar previamente su pareja y padre de sus hijas gemelas, fue encontrado el cuerpo de la más reciente víctima de violencia machista en Costa Rica. Un nuevo femicidio que viene a engrosar las terribles estadísticas de nuestro país en esta materia.  

Según el Observatorio de Violencia de Género contra las Mujeres y Acceso a la Justicia del Poder Judicial, entre el 2007 y el 2025 se produjeron 547 femicidios, un promedio de uno cada doce días. Las cifras muestran también un aumento desde el 2022, alcanzando un récord de 44 femicidios en el año 2024, con una disminución a 36 en el año 2025. En este inicio del 2026 tenemos ya 10 casos contabilizados.

Las cifras son absolutamente aterradoras e inadmisibles. Pero, por algún incomprensible motivo, no generan indignación colectiva, ni repudio generalizado. ¿Qué pensaría usted de un país donde cada doce días un niño muriera a manos de su padre? ¿O de uno donde cada doce días el narco matara a un policía, a un político o a un juezSería algo intolerable, un escándalo, una catástrofe nacional 


Pero, cuando se trata de femicidios, las noticias se suceden, los casos se replican, las muertes se acumulan, y todo sigue igual. Cada femicidio constituye una tragedia humana y familiar, que deja múltiples damnificados, muchos de ellos niños y niñas, pero también padres, madres, hermanos y hermanas, que quedarán por siempre marcados por esta terrible y repulsiva forma de violencia.  

Sin embargo, cada femicidio representa sobre todo, nuestro fracaso como sociedad, la derrota de la aspiración que tenemos muchos por construir una sociedad verdaderamente igualitaria para todas las personas y libre de violencia machista. Y aquí utilizo conscientemente la palabra “machista”, aunque la cuestión es objeto de discusión, pues considero que es precisamente del machismo de donde deriva este fenómeno criminal. Si no lo cree, le invito a preguntarse: ¿Cuántos hombres mueren anualmente a manos de sus parejas o exparejas?  

Independientemente de cuestiones terminológicas, lo esencial es que el combate al femicidio no debe reducirse al ámbito penal, pues no se soluciona con la simple existencia de leyes y delitos. De hecho, el delito de femicidio se introdujo en nuestra legislación desde el año 2007, siendo uno de los que tiene penas más altas, que van desde los 20 a los 35 años de cárcelY, a pesar de ello, la epidemia delictiva sigue viento en popa.  

La catastrófica situación que vivimos debe interpelar nuestras conciencias, pero más allá de eso, debe movilizarnos hacia la acción, pues la situación actual no puede continuar. Desde luego, en primera línea, las autoridades de gobierno están llamadas a implementar políticas públicas que de manera global ataquen este fenómeno criminal, se requiere para ello, de un esfuerzo concertado, con medidas de corto, mediano y largo plazo, que integre elementos educativos (absolutamente fundamentales), preventivos y represivos, así como a los actores de la sociedad civil y de las instituciones estatales.  

Pero también nosotros, como ciudadanos, debemos y podemos aportar en la construcción de una sociedad equitativa, igualitaria y libre de violencia machista. Hoy por la mañana mi hijo me preguntó: ¿Papá, por qué existe el femicidio? Al responderle, intenté apilar mi granito de arena en la edificación de un mañana mejor.  


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