Costa Rica es de quienes se atreven a ser diferentes
El futuro no es de quienes repiten lo conocido por temor. El futuro es de quienes se atreven a ser diferentes.
Bernal Fonseca / Comunicador y triatleta de alto rendimiento.
Hay una forma silenciosa de poder que no siempre ocupa titulares, ni tiene cargos, ni necesita imponerse sobre nadie: la de quienes se atreven a pensar, decir y hacer algo diferente. Ese poder está en la persona que cuestiona una práctica repetida por costumbre; en quien propone una solución nueva cuando la respuesta fácil es “así siempre se ha hecho”; en quienes deciden dar un paso al frente, aun sabiendo que la incomodidad suele ser el primer precio del cambio.
Los momentos relevantes de la historia humana casi siempre comenzaron así: con alguien dispuesto a ser diferente. Cuando Galileo Galilei defendió observaciones que contradecían la visión dominante del universo, no sólo propuso una idea científica: abrió una puerta a una manera más rigurosa de comprender la realidad. Cuando Rosa Parks se negó a ceder su asiento en un autobús segregado, su acto sereno y firme se convirtió en un símbolo de dignidad y ayudó a impulsar el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos.
Ninguno de esos pasos fue cómodo. Ambos enfrentaron resistencia, críticas y estructuras convencidas de tener la razón. Sin embargo, demuestran una verdad esencial: las transformaciones profundas empiezan cuando una persona decide que lo habitual no debe ser aceptado únicamente porque es habitual.
Costa Rica se ha construido, en buena medida, sobre valores que merecen ser defendidos: el diálogo, la institucionalidad, la convivencia y la búsqueda de acuerdos. Pero defender esa herencia no significa convertirla en una vitrina inmóvil. Una sociedad que se respeta también debe saber revisarse. Debe tener la madurez de reconocer que algunas fórmulas que funcionaron ayer pueden no responder a las exigencias del presente.
Con demasiada frecuencia, cuando alguien cuestiona lo establecido, la respuesta no es una conversación seria sobre sus ideas. Es la descalificación. Se le llama ingenuo, inconveniente, exagerado o incapaz de comprender “cómo se hacen las cosas”. A veces, detrás de esa reacción no hay una defensa razonada de lo existente, sino temor a perder la comodidad de lo conocido o incapacidad para responder a los desafíos contemporáneos.
Pero cuestionar no es destruir. Proponer algo distinto no es atacar. Y disentir no es dividir.
Al contrario: una democracia viva necesita personas dispuestas a formular preguntas incómodas con respeto y a sostener propuestas audaces con argumentos. Necesita voces que no se escondan por miedo a la crítica ni renuncien a sus convicciones para encajar en la aparente unanimidad. El consenso verdadero no nace del silencio; nace de escuchar posiciones distintas, examinarlas con honestidad y construir mejores respuestas.
La transformación que Costa Rica necesita no se logrará a la fuerza ni mediante manifestaciones violentas. No requiere humillar a quien piensa distinto ni convertir al adversario en enemigo. Requiere carácter, pasión y un ímpetu sereno: la determinación de defender una idea con firmeza, pero también la disposición de escuchar, dialogar y corregir cuando sea necesario.
Hay una gran diferencia entre imponer y liderar. Imponer busca vencer; liderar busca abrir camino. Imponer cierra conversaciones; liderar convoca inteligencias, experiencias y voluntades. Nuestro país necesita más de lo segundo: personas que no esperen permiso para imaginar alternativas, que se atrevan a decir que algo puede hacerse mejor y que trabajen, con respeto y perseverancia, para demostrarlo.
Lo aparentemente imposible rara vez empieza con una garantía. Empieza con una pregunta. Con alguien que decide no aceptar la resignación como destino. Con una voz que, sin gritar por encima de las demás, se niega a permanecer callada.
Costa Rica es de quienes dan un paso al frente, cuestionan con responsabilidad, dialogan con respeto y avanzan con pasión. Porque el futuro no es de quienes repiten lo conocido por temor. El futuro es de quienes se atreven a ser diferentes.
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