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La columna anterior abordé tendencias globales, el contexto mundial de las tendencias nacionales, en un mundo cada vez más interdependiente.

Así, reconocía una suma de incertidumbres económicas, institucionales y políticas que perturban nuestras situaciones  y hacen difícil la predicción, por no decir imposible.

Mencioné un conjunto de variables internacionales como el crecimiento de algunos países locomotoras, las secuelas de la crisis financiera, los precios del petróleo, las tasas de interés internacionales.

Me fue necesaria la referencia al cambio tecnológico y su rápido traslado a las formas de producir bienes y servicios  y los cambios gigantescos en lo que se demanda. También señalaba perplejidad por las descomunales repercusiones y políticas antiglobalización y el comportamiento político en el era de la post-verdad.

Estas incertidumbres, junto con las propias de nuestro patio, hacen indispensable prepararse para las variantes más probables, pero también para las más peligrosas.

Si estas últimas no se cumplen podremos alegrarnos al final, pero solo después de que no ocurrieron, muy probablemente en buena parte por nuestra preparación para enfrentarlas. Déjenme, en esta ocasión,  ocuparme de asuntos de importancia sobre los que se ha despejado algún nublado, en este  mes de enero del 2017.

Efecto Trump en Costa Rica

Hoy tenemos más claro que la elección de Trump tendrá repercusiones negativas en la migración y en las remesas de muchos países de Centroamérica, no solo para los mexicanos ya de por sí importantes.

En el discurso de Trump en ocasión de la firma para construir del muro fronterizo con México, hubo 6 referencias a los migrantes centroamericanos.

Si la repatriación, o el temor a ella, de los migrantes en EE. UU., logran  impactar el flujo de remesas hacia los 3 países centroamericanos  que dependen de esas remesas (más de un 10% de su PIB) habría que esperar una contracción del intercambio comercial centroamericano.

Eso en segunda ronda tendría impacto en la economía de Costa Rica al contraerse el segundo destino de nuestras exportaciones. Esto sin considerar el efecto directo sobre los migrantes costarricenses y las remesas que estos envían a Costa Rica, que no se podría descartar.

Recuérdese que las remesas de los ticos (estimados en algo menos de 100.000 compatriotas) en EE. UU. son equivalentes  a lo que todos los migrantes nicaragüense en nuestro país envían al suyo. 

El contrapunto a esta amenaza surge de  la factibilidad de la realización de los deseos y promesas de Trump en materia de migración, muros y deportaciones.

Un presidente que asume el poder con el apoyo más bajo en cuarenta años, evidentes contradicciones con su partido y con una oposición a la espera de los errores para cambiar la correlación de fuerzas en 2 años, a lo que se suma una prensa que no le es favorable y a la que  además él mismo le ha declarado la guerra, no las tiene todas consigo.

Tiene poco tiempo para que sus ¨hipérboles veraces¨ (término que él mismo acuñó ya hace muchos años para describir un recursos suyo de publicidad y negociación en el ámbito de sus negocios), exageraciones engañosas, se concreten  para evitar la erosión de las fuerzas que lo apoyaron.

No tiene mucho tiempo y capital político para que su promesa de  proteccionismo y atracción de puestos de trabajo hacia los EE.UU. desde nuestros países tenga los impactos que plantea, pues la gran e inexacta exageración sale rápido a la cara.

Su tiempo choca contra, como se lo recordó Carlos Slim en una entrevista reciente, con realidades económicas pues no es tan simple como llevarse los puestos: quién trasladará las instalaciones industriales y en qué plazo, qué salarios pagará a los empleados norteamericanos  y cómo hará para competir con los costos mucho más elevados.

Si pone aranceles (impuestos a la importación) a los productos finalmente será el consumidor el que los pague más caros, ya sea porque el consumidor quiere ese producto, por ejemplo, escoger su BMW con arancel, o porque pagará un auto con esas calidades producido en EE. UU. con costos superiores, como se lo recordó el capitán de esa empresa.

Quizá de lo que no se ha percatado EE. UU., ni el propio Trump,  es que su problema actual no es el de desempleo abierto, el que está actualmente en un nivel tradicionalmente considerado como friccional, sino en el estancamiento de los ingresos de los sectores medios y bajos norteamericanos.

La evidencia apunta a que ese es el origen del descontento junto con a la creciente desigualdad en el reparto  de los ingresos, la riqueza y las oportunidades. El sueño americano se ha desquebrajado.

Si no hay recursos ociosos (trabajo o capital) lo que se sigue del  despliegue de esta política de Trump es una situación de crecimiento de precios en el área de dólar (ahí estamos) y el incremento en las tasas de interés. Y por supuesto,  esto significa otros  impactos en la economía de Costa Rica.

En todo caso, lo que sí está claro es que ya se ha introducido una perturbación de gran importancia global y que se ha puesto a caminar un desorden mundial, con sus ajustes, perdedores y ganadores. Un juego grande comenzó, de esos que conmueve al mundo desde sus cimientos.

Las mejores condiciones nacionales y la mejor preparación de estrategias deberían ser el pan de cada día, no las ¨hipérboles veraces¨ criollas (mejor llamarlas mentirillas y mentirosas con baño de credibilidad de nuestros dirigentes).

Lamentablemente, dos elementos contrarios a una buena preparación del país fueron anunciados en este mes: renunciamos a definir asuntos fiscales y recibimos una baja en la calificación financiera  del país, la que repercutió en la calificación de los 6 principales bancos de Costa Rica. Pero esto lo dejo para siguientes artículos.