POR Susana Peña Nassar | 18 de marzo de 2026, 7:00 AM

18 de marzo de 2020, 4:15 p. m. Ese día quedó grabado uno de los momentos más duros en la historia reciente del Hospital San Rafael de Alajuela. No solo se trató de la primera muerte por COVID-19 en Costa Rica, sino de una despedida que rompió con todo lo humano: sin contacto, a distancia y a través de un vidrio.

Seis años después, la escena sigue intacta en la memoria del personal de salud de ese centro, que conocía al paciente fallecido por haber trabajado ahí: el doctor Roberto Galva Jiménez, quien ya se había pensionado.

“De las cosas más tristes que yo recuerdo sobre el caso del doctor Galva fue el tener que despedir a una persona, a un ser querido en aquellos protocolos con tantísima restricción, a través de un vidrio, en un pasillo frío de la UCI, sin contacto, sin tener al menos ese luto y ese duelo totalmente normal y humano cuando usted va a despedir a un familiar”, recordó la doctora Karen Rodríguez, directora del hospital, quien asumió ese puesto 15 días antes del primer caso de COVID-19 en el país, que también se reportó en ese centro médico.

El doctor Galva era ampliamente reconocido dentro de la institución, donde incluso ocupó cargos de liderazgo. Su muerte no solo representó el primer deceso por la enfermedad en Costa Rica, sino también un golpe emocional profundo para quienes lo conocían.

El especialista ingresó con síntomas propios del SARS-CoV-2 y su condición se agravó con el paso de los días. Fue atendido en la Unidad de Cuidados Intensivos bajo los protocolos disponibles en ese momento, en medio de una enfermedad aún desconocida.

“Era un caso crítico, de severo a crítico, estaba en la Unidad de Cuidados Intensivos, recibió toda la atención, todo el abordaje y todos los protocolos que en ese momento se podían aplicar; sin embargo, la evolución pues no fue satisfactoria y lamentablemente el doctor falleció”, contó la directora médica.

Pero más allá del desenlace clínico, lo que marcó a los funcionarios fue la forma en que la pandemia transformó incluso el acto de despedirse.

“Creo que eso fue de las cosas, por lo menos personalmente, que a mí más me marcó en ese momento: con su familia, que estuvo muy al pie de la cama, siempre muy atentos a cualquier instante en el que pudieran verlo, pero esa despedida sin poder acercarse a través de un vidrio, realmente me marcó muchísimo.

"Era un doble temor, porque era enfrentarnos de frente a la muerte y decir: 'Bueno, sí, es una enfermedad que, efectivamente, va a empezar a pasar una factura en vidas humanas'. Y bueno, nos correspondió ser el centro que tuvo el primer caso de un fallecido por COVID", relató Rodríguez.

Aquel momento ocurrió en medio de una incertidumbre generalizada. La enfermedad era nueva, los protocolos cambiaban constantemente y el personal de salud enfrentaba el temor de contagiarse mientras intentaba salvar vidas.

“Sabíamos que teníamos que dar un paso adelante y responder como el ejército que éramos, que somos, pero también teníamos miedo como cualquier ser humano”, afirmó la vocera.

El impacto fue aún mayor al tratarse de uno de los suyos. Un colega, un líder, un rostro conocido en los pasillos del hospital, que pasó de atender pacientes a convertirse en uno.

Seis años después, aunque la pandemia ya no domina la vida cotidiana, la huella de aquel día sigue presente en el Hospital de Alajuela.

“Nosotros no somos los mismos después del COVID”, concluyó Rodríguez. Una frase que resume no solo el dolor de una despedida, sino la transformación profunda que dejó la pandemia en quienes estuvieron en la primera línea.

Lea también

Nacional

“Solo lo vimos desde afuera”: Familia recuerda a primer fallecido por COVID-19 en el país

El médico Roberto Antonio Galva murió hace seis. Sus familiares recuerdan el impacto humano detrás de la pandemia y el vacío que dejó su partida.