Romería
El último orfebre de La Negrita asume en sus manos la responsabilidad de 216 años de tradición
Fernando Soto es el joyero personal de la virgen de Los Ángeles, un trabajo que comenzó su familia en 1802 y que ahora solo él realiza
“La primera vez que fui a la Basílica no sabía a qué íbamos. Mi papá solo me dijo que me alistara. Tenía 22 años. Entonces fuimos y el sacerdote necesitaba bajar la imagen y revisar el manto. Cuando le quitamos todo fue algo impresionante… me bloqueé un poco, tal vez si yo hubiera sabido me hubiera preparado más, pero fue algo espontáneo. Impresionante…”
Así narra Fernando Soto su primer encuentro con La Negrita, ese cara a cara, con la virgen que tantos milagros llenos de fe ha cumplido en 383 años desde su aparición.
Y claro, como no recordar ese momento casi único que solo los sacerdotes y su familia han podido vivir.
De ahí radica su responsabilidad en la actualidad. De ahí, ese miedo que no dice, pero que por sus palabras transmite cuando cuenta que este será el primer año que le tocará asumir de joyero de la Virgen de los Ángeles. El último de un linaje de 216 años.
Soto, junto a su padre Antonio Soto del Valle (q. d. D. g.), eran los únicos orfebres encargados de cuidar el resplandor y pedestal que resguardan a la Patrona de Costa Rica.
Sin embargo, tras 91 años dedicado a la profesión, don Antonio falleció en abril de este año, dejando a Fernando como el último de su familia que conoce el trabajo de la orfebrería, es decir, el último joyero personal de La Negrita.
“Esta vez siento una responsabilidad muy grande. Espero hacerlo siempre con mucha fe. Ahora con la muerte de mi papá el peso es más grande, es muy complicado no tenerlo a él para consultarle algunas cosas, pues uno siempre tenía su consejo”, menciona Soto.
Él es uno de los seis voluntarios que son guardianes de la virgen, aunque por su profesión, es uno de los únicos que pueden tener acceso a la imagen cuando así lo requiera, ya sea por mantenimiento o limpieza.
Linaje familiar bicentenario.
Soto sabe que en sus manos hay toda una tradición familiar. 216 años de prestigio y fe que el apellido Del Valle ha vivido paralelamente a la historia de La Negrita.
Todo comenzó en 1802, cuando el español José María del Valle Alarcón llegó procedente de Cataluña y fue contratado por los responsables de la ermita donde estaba la imagen para realizar las funciones de músico y maestro de capilla.
Pero aparte de la música, lo suyo era trabajar el oro y la plata, así que fue nombrado como orfebre oficial de la Virgen. Esto lo transmitió de generación en generación.
De ahí que muchos en su familia tomaron la opción de ser orfebres manteniendo a su “clienta” más especial: la Virgen de los Ángeles.
“Para 1926 se reformó y le tocó hacerla al abuelo de mi papá Emilio del Valle Madriz y ya para 1950 asume la responsabilidad mi papá junto con dos tíos, Julio del Valle Guzmán y Francisco del Valle Guzmán”, explica Fernando.
Como parte de su historia, hay varios secretos que Soto cuenta tanto del resplandor como el pedestal, las dos principales piezas a las que les da mantenimiento.
Por ejemplo, en 1976 el presidente Daniel Oduber afirmó que una patrona de Costa Rica debía llevar el escudo nacional, por eso regaló un escudo especial que se colocó al frente del pedestal.
Al emblema nacional se le agregaron algunos anillos que donó Monseñor Rodríguez para recordar a su madre en la imagen.
Ahora, más de 200 años después, el cuidado de la virgen recae en dos manos y eso, no deja de preocupar a Soto, pues hay cierto miedo que la tradición se llegue a perder.
“Cuando mi papá estaba trabajando yo siempre le dije que buscaría seguir en la tradición y si a mí me pasaba algo, pues mi papá le podría enseñar a alguien más. Ahora el problema es eso, si yo falto en estos momentos se corta la tradición”, explica.
De ahí que poco a poco le ha ido enseñando a su esposa, pues su hija (de 14 años) aún es algo joven para aprender el trabajo.
Eso sí, su señora aún no sabe todos los secretos que su papá le transmitió.
“De momento está mi esposa trabajando acá, pero tiene poquito de estar haciéndolo. Mi hija está algo joven todavía y en momentos libres dice que me va a ayudar y ha prendido muchas cositas, pero decir que se dedique a esto no sé. Pero ya veremos pronto y espero que, si no sea ella, sea mi esposa la que siga con la tradición”.
Días de mucho trabajo.
Aparte de velar por la Virgen, Soto y su papá también se encargaban de dar el servicio de orfebrería a decenas de feligresías del país.
Es por eso, que conforme se acercan los días de la Patrona, el trabajo incrementa por completo.
Dentro de sus funciones con La Negrita se encarga de estar pendiente de que la imagen no se suelte en los traslados, así como de la limpieza como tal del resplandor y pedestal.
“Siempre es cuando el sacerdote nos llame. El día lo escoge el padre, nunca lo elijo yo, aunque sea solo por limpieza, y si es mínimo el trabajo se hace ahí mismo en la Basílica, de lo contrario se trae al taller.
“Si es de restauración, que muy pocas veces se ha dado, ahí sí puedo durar unos 22 días o un mes, pero por una limpieza solamente una semana o 15 días”, menciona Soto sobre los cuidados y el tratamiento que se le da al pedestal con líquidos especiales para no dañar las piezas tan antiguas.
Soto también debe estar presente en todas las actividades que se realicen con La Negrita, como el cambio de vestimenta y la tradicional pasada.
Aunque admite que, para este año, todo será muy distinto y con muchos sentimientos encontrados, tal y como aquella primera vez que acompañó a don Antonio a su cita con La Negrita.
“Muy triste y duro saber que este año mi papá no va a estar. Pese a que desde hace dos años no va a la Basílica para evitar sufrir algún accidente (tenía 91 años), él siempre me esperaba para llegar a contarle todos los por menores.
“Pero también me siento muy feliz de poder demostrar todo lo aprendido, todas las bases que él me dejó y sé que allá arriba estará viendo todas las actividades junto a mí”.
