POR Gabriel Pacheco | 25 de octubre de 2026, 8:00 AM

Hay capítulos en la historia de nuestro país que la historia ha dejado atrás. Uno de esos, por ejemplo, involucró de lleno a Costa Rica en la Segunda Guerra Mundial. 

La noche del 2 de julio de 1942, el vapor SS San Pablo estaba atracado en el muelle de Puerto Limón con las luces encendidas. Costa Rica estaba en guerra con Alemania, Italia y Japón desde diciembre de 1941, y varios barcos ya habían sido hundidos en el Golfo de México, la ruta de este vapor.

 “Ese era el único barco que estaba ahí (en Puerto Limón)”, relata el historiador limonense Axel Alvarado Luna, quien ha dedicado años a investigar lo que ocurrió aquella noche.

El San Pablo era un barco pequeño, de cuatro bodegas, que navegaba entre Nueva Orleans, Puerto Limón y Colón. Esa vez traía sacos de harina, papel para imprimir periódicos, fardos de tela y químicos para la minería. 

Lo más valioso era la harina, que el país necesitaba, y por eso se trabajaba de noche, con cuadrillas de entre 20 y 25 estibadores que se relevaban para vaciar las bodegas. 

Fotografía del SS San Pablo atracado en Limón.

“Había que descargar este barco lo más rápido posible porque estábamos necesitando de la harina, esa era la urgencia”, cuenta Alvarado.

Muy cerca de Limón se movía con sigilo otra nave, el submarino alemán U-161, al mando del capitán Achilles, en la tercera de sus seis misiones al Caribe.  Indetectable, estaba por efectuar el primer y último ataque que tuvo nuestro país en la Segunda Guerra Mundial.

Según la bitácora del submarino, que Alvarado obtuvo de un museo en Cuxhaven, Alemania, la nave se aproximó desde el sur, pasó frente a las costas costarricenses, llegó hasta Nicaragua y regresó. Ya de noche se detuvo cerca de la isla Uvita, también llamada Quiribrí, y sacó el periscopio. Según Alvarado, la ciudad no había aplicado ningún apagón y el barco estaba iluminado.

Diario de Costa Rica informa sobre el ataque que ocurrió la noche anterior.

A las 8:01 p. m. salió el primer torpedo, disparado desde cerca de un kilómetro de distancia. Poco más de un minuto después salió el segundo. Ambos dieron casi en el mismo punto del casco y abrieron un solo agujero, por lo que algunos creyeron que había sido uno solo. El impacto era un hecho. La nave entonces empezó a hundirse y el caos se desató en Puerto Limón

Murieron 24 personas: 23 estibadores y un miembro de la tripulación, el afroamericano Glenn Burns, de 47 años y originario de Nueva Orleans, cuyo cuerpo nunca apareció. Según las actas de defunción que el historiador consultó en el Registro Civil, la mayoría de los fallecidos figura como de nacionalidad jamaiquina y algunos como británicos. Era una época en la que la posibilidad de nacionalizarse no existía. Esta llegaría hasta 1949.

Entre las historias que Alvarado comprobó en los archivos está la de Samuel Jones. Según relata, Jones sentía dolor de cabeza y le pidió a Jorge Hamilton, otro estibador, que lo sustituyera mientras él bajaba a descansar a la bodega, entre los sacos de harina. Hamilton quedó en la cubierta. Ocho minutos después llegó el ataque. Jones murió, y Hamilton figura en el expediente de la Junta de Custodia, en el Archivo Nacional, con una contusión en la cabeza.

Diario de Costa Rica informa sobre las consecuencias del ataque.

Los cuerpos de muchas víctimas quedaron atrapados en las bodegas inferiores y durante cerca de dos semanas no pudieron ser liberados. Buzos de la base naval estadounidense en Panamá concluyeron que la única forma de sacarlos era con explosivos, y se avisó a la población para que nadie creyera que se trataba de otro ataque.

Esas detonaciones doblaron partes del casco hacia afuera, un detalle que años después alimentó la teoría de que el barco había explotado desde adentro. La carga también se perdió: hubo escasez de harina, especulación con su precio y medidas del Gobierno. Según relatos de testigos, algunos limonenses se zambulleron para sacar fardos de tela caqui.

¿Fue un ataque nazi a Costa Rica? 

Alvarado explica que el San Pablo pertenecía a la Balboa Shipping Company, subsidiaria de la estadounidense United Fruit Company, y navegaba con bandera de Panamá, país que también estaba en guerra con Alemania.

"Desde el punto de vista militar el ataque y hundimiento de San Pablo se justificaba, porque era un ataque a un barco enemigo en un muelle de un país enemigo”, sostuvo el historiador. .

Al día siguiente fueron arrestados decenas de alemanes que vivían en el país. Tras el hundimiento, las embajadas británica y estadounidense entregaron al Gobierno una lista negra de personas y propiedades vinculadas al Eje, y el apagón que no se había aplicado, se mantuvo en Limón durante seis meses.

A las familias de las víctimas se les pagó una indemnización por medio del Banco Nacional y se organizaron conciertos a su favor.

El San Pablo no desapareció aquella noche. En 1943, la Armada de Estados Unidos envió un remolcador con marineros para tapar el agujero, reflotarlo y llevarlo a Pensacola, en Florida.

Fue declarado pérdida total para efectos del seguro y, según un documento desclasificado que halló Alvarado, se usó para practicar un nuevo tipo de ataques con drones marítimos. Se hundió en 1944 frente a Florida, donde hoy es un sitio de buceo. El U-161 fue hundido en setiembre de 1943 frente a Bahía, Brasil, tras un ataque aéreo.

Más de ocho décadas después, el episodio es poco conocido y, para algunos, discutible. “Algunos ahora, 80 años después, dudan incluso de que el ataque se haya dado”, advirtió Alvarado. 

Entre las objeciones que ha escuchado, sobre todo entre personas mayores de Limón, están que fue un autoatentado para llevar al país a la guerra, cuando Costa Rica ya estaba en ella, y que un submarino no podía llegar tan lejos y regresar.

Alvarado responde que Alemania usaba submarinos para reabastecer de combustible a otros en alta mar. Para sustentar su relato, recurrió a la bitácora del U-161. “Ahí está muy claro todo, en alemán”, dijo. También utiliza documentos desclasificados de la Armada de Estados Unidos. 

En Costa Rica encontró poco: “en Limón no se encontraba ninguna información”, y en el Archivo Nacional no existe el fondo de Marina de 1942.

Esa búsqueda terminó en el libro El SS San Pablo, el barco que los nazis hundieron en Limón, fruto de más de una década de investigación. Alvarado lo escribió “para, sobre todo, que la gente entendiera que Limón es parte de Costa Rica, y este suceso histórico afectó a Limón y afectó a Costa Rica”.

La obra incluye imágenes, recortes de periódicos, testimonios de limonenses y códigos QR que remiten a las fuentes primarias. Se vende a ₡13.000 en la Librería Internacional y en la librería de la Universidad de Costa Rica. 

Libro sobre el hundimiento del barco. 

La memoria física del hecho tampoco está intacta: una placa con los nombres de las víctimas, colocada en el muelle, fue trasladada al mirador de Moín, a unos 8 kilómetros, y según el historiador trae errores en los apellidos de una decena de ellos. Alvarado prepara además un documental con entrevistas a personas de más de 90 años.

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