POR Dudly Lynch | 14 de septiembre de 2026, 14:45 PM

Hubo un tiempo en el que Andrés Guardado no sabía dónde dormiría esa noche. Su hogar podía ser cualquier esquina, un pedazo de cartón, una acera o incluso el espacio debajo de un puente.

A sus 36 años, Andrés recuerda de cerca una realidad que muchas personas prefieren no mirar: el hambre, las adicciones, el abandono y la violencia.

Durmió debajo de un puente en Sarchí y recorrió calles de San José, Puntarenas, Alajuela y hasta Cariari. Más de una vez fue agredido. En una de esas ocasiones, recibió un golpe en el rostro con un bate.

Pero aquella no fue la última página de su historia.

Caer una vez y volver a intentarlo

Andrés no esconde su pasado. Reconoce que cometió errores, que cayó muchas veces y que intentó salir adelante, aunque no siempre lo consiguió.

Buscó ayuda en centros de restauración y pasó por 16 lugares diferentes tratando de encontrar una salida. No fue sencillo.

La historia de Andrés fue una de esas en las que levantarse significó intentarlo una vez más, y otra, y otra.

Él es chef y también trabajó en mercadeo. Tenía conocimientos, sueños y capacidades, pero hubo un momento en el que todo aquello parecía quedar demasiado lejos.

Mientras él luchaba por sobrevivir, su familia también libraba su propia batalla. Sufrieron al verlo en condición de calle. Sin embargo, hubo alguien que nunca dejó de creer que podía regresar: su amada abuelita. Ella rezaba por un milagro.

Una mano amiga

Cuando todo parecía perdido, Andrés encontró una mano amiga. En Hogar Victoria, en Rohrmoser, recibió la ayuda que necesitaba para iniciar un proceso de restauración.

Fue ahí donde comenzó, poco a poco, a recuperar algo que durante años había quedado enterrado bajo sus propias luchas: la confianza en sí mismo.

No ocurrió de un día para otro. Fue un paso. Luego otro. Y después otro. Hasta que Andrés comenzó a recuperar al hombre del que, alguna vez, su familia se sintió orgullosa.

De la calle a un negocio

Hay una imagen que resume buena parte de la transformación de Andrés.

Aquel hombre que alguna vez buscó refugio debajo de un puente ahora tiene un lugar propio para trabajar.

Actualmente, forma parte de un emprendimiento familiar en el mercado de Naranjo, donde vende fresas con crema.

Ya no está esperando que alguien llegue para darle una oportunidad. Ahora está construyendo la suya. Y no piensa detenerse ahí. Su próximo sueño ya está en marcha: abrir una soda en Poás de Alajuela.

El pasado no es una condena

La historia de Andrés no borra lo que vivió ni pretende esconder sus errores. Al contrario, los reconoce.

Precisamente ahí está una de las mayores fuerzas de su historia: demostrar que el pasado no necesariamente tiene que convertirse en una condena. Una persona puede caer muy profundo y, aun así, encontrar una razón para volver a levantarse.

De dormir bajo un puente a luchar por tener su propio negocio. De sobrevivir entre cartones a trabajar por un futuro. De enfrentar una vida marcada por las adicciones y el abandono a convertirse en un ejemplo de que la restauración puede abrir una puerta cuando todo parece perdido. Andrés decidió que todavía queda mucho por vivir.

Esta es la primera entrega de “Una luz al final de la calle”, serie de reportajes que presenta Telenoticias con historias de personas que vivieron en condición de calle, se restauraron y actualmente salen adelante.

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