POR Valeria Martínez | 29 de agosto de 2026, 20:00 PM

Los recientes terremotos que han sacudido distintos países y provocado el colapso de edificaciones vuelven a poner la mirada sobre la preparación de Costa Rica ante un evento de gran magnitud.

El país cuenta con una de las normativas sísmicas más avanzadas de América Latina y con un Código Sísmico que ha evolucionado durante décadas a partir de la experiencia y de los avances en ingeniería.

Sin embargo, estas regulaciones solo pueden garantizar condiciones adecuadas de seguridad cuando se cumplen correctamente durante el diseño y la construcción de las edificaciones.

Deficiencias en el diseño, materiales de baja calidad o construcciones que se realizan fuera de la normativa pueden aumentar el riesgo para la población ante un terremoto de gran intensidad.

Costa Rica ha aprendido de grandes eventos sísmicos, como el terremoto de Cartago de 1910 y el de Nicoya en 2012. Estas experiencias han contribuido al fortalecimiento de las regulaciones y de la investigación en ingeniería sísmica.

Una edificación sismorresistente no significa necesariamente que permanecerá sin daños después de un terremoto. El principal objetivo de este tipo de construcción es evitar el colapso y proteger la vida de las personas.

Por eso, la calidad del diseño, los materiales utilizados y una adecuada supervisión profesional son factores fundamentales para reducir el impacto de un gran terremoto y disminuir el riesgo para quienes ocupan las edificaciones.

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