POR Mariela Montero Salazar | 10 de agosto de 2026, 6:14 AM

Medicamentos, agroquímicos y otros compuestos pueden permanecer en las aguas residuales incluso después de pasar por tratamientos convencionales. 

Frente a ese problema, dos científicas costarricenses desarrollaron una tecnología que utiliza hongos, bacterias y levaduras para ayudar a eliminar estos contaminantes.

La investigación nació en las aulas de la Universidad de Costa Rica (UCR) en 2019, cuando las científicas comenzaron a estudiar el potencial de estos microorganismos para tratar sustancias que representan un reto para los sistemas tradicionales.

“Empezó en un curso de la universidad, en un aula. Después, por medio de un programa de incubación, empezamos a trabajar en convertirlo en una solución real. Sacar la ciencia al mundo”, contó Ivonne Rodríguez Ramírez, una de sus creadoras.

Rodríguez y Galit Akerman Sánchez, ambas biólogas moleculares, estudiaron durante años la capacidad de ciertos microorganismos para actuar sobre compuestos complejos que los procesos tradicionales no logran remover completamente.

“Nuestro producto se basa en investigación de muchos años sobre el poder de los hongos para degradar compuestos muy complejos, como contaminantes emergentes, fármacos o agroquímicos”, explicó Akerman.

La propuesta utiliza principalmente hongos de pudrición blanca, además de bacterias y levaduras, para aprovechar las enzimas que producen y continuar el proceso de tratamiento de las aguas residuales.

El proyecto se transformó en un emprendimiento en 2021 con apoyo de programas de incubación de la UCR. El resultado es Enzimicro, un producto que está listo para salir al mercado nacional este año.

La tecnología está dirigida a empresas y organizaciones que cuentan con sistemas de tratamiento de aguas residuales con altos niveles de contaminación, especialmente en sectores como salud, agroindustria, acuicultura e industria alimentaria.

En pruebas realizadas con aguas residuales industriales, la tecnología reportó una reducción del 90% en la Demanda Bioquímica de Oxígeno (DBO), 83% en sólidos sedimentables y 76% en sólidos suspendidos.

También registró una reducción del 43% en grasas y aceites, y del 54% en trazas de compuestos farmacéuticos.

La aplicación se realiza en dos etapas: primero se incorpora un componente con enzimas que genera una acción inicial sobre los contaminantes y, posteriormente, un consorcio de microorganismos que continúa el proceso.

Según sus creadoras, una de las ventajas de la tecnología es que puede incorporarse a plantas de tratamiento existentes sin necesidad de modificar su infraestructura.

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