POR Stefanía Colombari | 8 de febrero de 2026, 8:00 AM

Lo que comenzó como un plan de evangelización terminó convirtiéndose, décadas después, en una misión dedicada a brindar refugio, protección y guía a 1.140 niños y jóvenes de Costa Rica.

Se trata de Roble Alto, una organización fundada por los europeos Enrique y Susana Strachan, quienes en 1920 llegaron al país con el objetivo de predicar la palabra de Dios.

Sin embargo, pronto comenzaron a notar las precarias condiciones de salud y de vida en las que se encontraban muchos niños.

Para ellos, no era posible atender lo espiritual, sin atender también las carencias físicas y de salud de los menores. Por esta razón, abrieron un dispensario que con el tiempo se transformó en un programa de servicio social. En 1929, este esfuerzo dio origen a la Clínica Bíblica.

No obstante, al observar que muchos niños regresaban una y otra vez a entornos marcados por condiciones socioeconómicas adversas, decidieron expandir el proyecto y enfocarlo en un espacio de restauración integral.

Así, en 1930 adquirieron la Hacienda Los Pinos, en Heredia, y dos años después, en 1932, nació el Hogar Bíblico, donde actualmente niños y niñas viven bajo el cuidado de tutores que cumplen un rol similar al de padres temporales. En este espacio reciben alimentación, educación, esparcimiento y formación en valores cristianos.

Tiempo después de la fundación del hogar, la organización creó también los centros diurnos, pequeños oasis ubicados en comunidades vulnerables.

Se trata del Centro Infantil Hogar Niño Feliz en Barrio Córdoba, Centro Infantil 15 de Setiembre en Hatillo, Centro Infantil El Manantial en la carretera a Desamparados y Centro Infantil Los Guido, en Los Guido de Desamparados.

Estos centros brindan cuido antes y después de la jornada escolar, lo que permite a los padres salir a trabajar con la tranquilidad de que sus hijos se encuentran protegidos y alejados de los estímulos negativos propios de las zonas donde residen.

La directora ejecutiva de los programas de atención a la niñez de la Asociación Roble Alto, Marcel Romero, enfatiza en como el corazón de este proyecto está con la población de menores de edad con más riesgo.

“Roble Alto trabaja principalmente con familias en condición de vulnerabilidad, muchas de ellas expuestas a realidades que vemos a diario en los noticieros, como la violencia y el narcotráfico. Atendemos a niños y niñas quienes están directamente conectados con la realidad de su comunidad y son conscientes de que viven en un entorno marcado por estas problemáticas. Incluso, conocen protocolos de seguridad, como el de balaceras", indicó Romero.

Los centros diurnos atienden a los menores hasta los 12 años, pero el acompañamiento continúa posteriormente a través de un programa dirigido a adolescentes.

“Hoy tenemos acompañamiento para alrededor de 90 adolescentes, a quienes apoyamos en su proyecto de vida, acompañándolos con tutorías en todo lo relacionado con el área socioemocional. Estas son las tres modalidades que tiene Roble Alto, afirmó la directora ejecutiva".

La labor de proteger y educar a cientos de niños y jóvenes se sostiene gracias a diversas fuentes de financiamiento, entre ellas aportes del Patronato Nacional de la Infancia (PANI), la Junta de Protección Social (JPS), donaciones privadas y una que resulta vital: la granja de pollos.

También ubicada en Heredia, la granja y empacadora de pollo y huevos de Roble Alto, genera recursos sin fines de lucro, dedicados sostener la obra social que se desarrolla tanto en los centros diurnos como en el hogar.

Hoy día, si se desea colaborar con esta organización, es posible hacerlo a través de donaciones y de voluntariado.

Si desea ser parte de la ayuda que brinda Roble Alto a la niñez, puede hacer clic en este enlace: www.roblealto.org.