POR Susana Peña Nassar | 10 de agosto de 2020, 16:38 PM

La pandemia ha dejado una cicatriz profunda en la sociedad. El COVID-19 ha marcado a personas que han perdido familiares, a quienes permanecen por días en Unidades de Cuidados Intensivos, a quienes se enfrentan al aislamiento prolongado con pocos recursos y a quienes han quedado sin empleo por la grave crisis económica.

La lista de efectos y consecuencias es larga. El nuevo coronavirus también deja huellas físicas en el personal que lo enfrenta diariamente: la primera línea, los funcionarios del sector salud.

“Mis amigos emergenciólogos tienen la mayoría la cara hundida con grandes marcas, pero no son los únicos, las enfermeras, los internistas, los compañeros de aseo, de terapia respiratoria, los médicos generales, todos, todos tienen grandes marcas, algunas rosadas, otros ya con sus caras rotas solo exponen granos”, relató el doctor Marco Vargas, jefe del Centro Especializado de Atención de Pacientes con COVID-19 (CEACO).

Convivir con un virus tan contagioso requiere estrictos protocolos de seguridad y equipo de protección. Los trabajadores de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) deben cubrirse totalmente para ingresar al área de pacientes: no solo usan mascarilla, también tienen trajes especiales, anteojos y otra serie de implementos para evitar contagios.

Independientemente del equipo, si es de última generación o menos avanzado, su uso prolongado provoca lesiones en la piel.

“Siempre quedan zonas de presión porque la mascarilla que utilizamos normalmente para protegernos, la famosa N95, tiene que quedar muy ajustada en la cara para que no haya ninguna posibilidad de que el aire ingrese sin filtrarse”, explicó el doctor Jorge Espitaleta, intensivista de CEACO.

Los funcionarios deben ajustarse los equipos para evitar que ingrese aire o partículas que podrían enfermarlos.

“Las personas que más tiempo lo utilizan (enfermería, terapia respiratoria, personal médico) van adquiriendo esas marcas de guerra, que van dejando ahí una pequeña cicatriz que, al final de cuentas, es un recuerdo de lo que estamos pasando; después pasará, cuando vengan otros tiempos estaremos mejor”, aseguró el médico de la UCI.

“Con el uso más frecuente, si van presentando lesiones más importantes, lesiones que parecen o simulan una quemadura en la piel porque se va creando esa erosión continua sobre el mismo sitio de presión: es exactamente el mismo todos los días durante todo el día de trabajo”, agregó.

¿Duele? “Sí, sí. Yo utilizo una máscara completa facial, por ejemplo, y ya después de cierto tiempo de estar dentro con el paciente empieza en la parte de arriba del cráneo, donde están unos seguros de la mascarilla, empieza a doler, empieza a molestar”, respondió Espitaleta.

“Trucos”

“¡Diay doctor, o nos marcamos o nos morimos como los señores, así es la vara!”, expresan los jóvenes colaboradores a su jefe en el CEACO.

No hay alternativa: el equipo de protección es necesario, todos lo tienen claro; por eso, el  personal de CEACO ha adaptado sus protocolos para incorporar “trucos” que ayuden a soportar largas jornadas con su rostro cubierto.

“Muchas personas tienen que empezar a utilizar algunas membranas protectoras, precisamente porque ya ha sido tal la irritación que la piel se rompe por completo, entonces algunas personas utilizan en el puente de la nariz, que es una de las zonas más frecuentes de presión, o arriba en la frente membranas de estas protectoras porque ya la piel se rompió, superó la presión que podían superar y empieza a romperse”, dijo Espitaleta.

Esta membrana es como un gel que se adhiere a la piel, una “curita” en palabras sencillas; eso sí, más “acolchada” para proteger de la presión y que la piel pueda regenerarse.

“Algunos de los (casos) más severos, los llevará a estar un día o un par de días fuera del trabajo, pero vuelven con las mismas ganas, la misma atención de ayudar”, contó el doctor. “Gajes del oficio”, le llaman algunos.

Deshidratación

Según Espitaleta, las “caras marcadas” son probablemente las lesiones más llamativas; pero no son las únicas: la deshidratación también es un problema frecuente.

“Nosotros molestando decimos que es como estar en un sauna, porque uno sí pierde una buena cantidad de líquido cuando se mantiene por periodos muy prolongados con el equipo de protección personal”, reveló el intensivista.

“Son tantas horas con equipo de protección que lo llevan en sus caras, en su espalda y en sus torsos que terminan empapados de sudor cuando se los quitan. Personas con desesperación por tomar agua al quitarse el equipo después de 4, 6, 8, 10 o más horas continuas sin poder hacerlo, sin poder orinar. Sus manos quedan blancas como si hubiesen pasado horas en una piscina, húmedas y rotas de tantas y tantas veces que se deben lavar las manos, aquí no hay descanso, no hay paz”, manifestó el doctor Vargas.

“La gente que está aquí son “Los Cara Marcada” si los ve en la calle, en un autobús sepa que ese ser humano tiene sed, hambre, miedo y mucho cansancio, pero que también tiene una familia que los ve llegar todos los días con profundas marcas rosadas o con cicatrices que no cubre el maquillaje. Son “Caras Marcadas” orgullosos de servir, que han visto noches y madrugadas, que han visto lágrimas y las han llorado, que han visto la muerte, que han visto también pacientes que sobreviven”, finalizó el médico.

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