POR Juan Manuel Vargas | 3 de noviembre de 2015, 1:14 AM

Fue el 26 de diciembre del 2010 cuando el Malacrianza, el toro ícono de la monta rústica costarricense, se despidió de Zapote.

Ya en su retiro la muerte le llegó el 19 de marzo anterior, en la hacienda Nueva Esperanza, en playa Garza en Sardinal de Nicoya.

Y es que el recuerdo de esta leyenda no muere y más bien revive gracias a una escultura en su honor, ubicada en lo más alto del potrero donde pastaba.

La estatua, creada por el artista liberiano Johnny García, cuenta con las medidas del legendario toro e incluso pesa casi lo mismo que él, 600 kilos.

El Malacrianza fue un toro que en principio se le quiso para una yunta de bueyes. Sin embargo, tal fue su bravura que terminó como una leyenda en los redondeles de todo el país.

Su fama creció tras la muerte de Juan Carlos Cubillo y Jeison Gómez en sus lomos.