POR Juan Manuel Vargas | 30 de marzo de 2017, 16:45 PM
 

A la cantidad de dinero que se recibe bajo determinadas condiciones se le conoce como crédito. Es una forma de conseguir recursos para hacerle frente a una necesidad.

Los créditos, por lo general, son de dos tipos. De inversión, aquellos que, por ejemplo, utilizamos para adquirir una casa o fortalecer un negocio con maquinaria o equipo;  son obligaciones respaldadas por una prenda o hipoteca; el otro tipo son los créditos de operación, que tienen, por lo general, como garantía, un fiador, y son utilizados para enfrentar necesidades que van desde la compra de un vehículo, tecnología o pagar un viaje hasta costear estudios o necesidades de salud.

Cuando una persona tiene identificada una necesidad que puede ser solventada con un crédito, debe tomar en cuenta distintos factores, entre ellos que la deuda no supere el 30 por ciento de sus ingresos netos; es decir, el salario que queda una vez atendidas otros obligaciones previas.

Lo importante es que usted encuentre el equilibrio entre plazos, tasas y cuotas para que disfrute del crédito y este no se convierta en un dolor de cabeza.

Recuerde que los llamados créditos de operación o consumo suelen tener tasas de interés más altas que los créditos de inversión, por lo que se recomienda darles prioridad a la hora de su cancelación.