POR Gloriana Casasola Calderón | 5 de junio de 2026, 5:48 AM

Adquirir una vivienda propia se ha convertido en uno de los mayores retos para la clase media costarricense, en un contexto donde el acceso al crédito y la oferta disponible no responden a sus posibilidades económicas.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), el país enfrenta un déficit habitacional cercano a las 150.000 viviendas. Sin embargo, este problema no impacta a todos los sectores por igual.

La clase media enfrenta una doble dificultad: por un lado, no califica para los programas de vivienda social, y por otro, no cuenta con los ingresos necesarios para acceder a los precios del mercado inmobiliario privado.

Según datos del Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos (CFIA), apenas un 14% de la oferta de vivienda nueva está al alcance de este segmento de la población.

El costo de adquirir una vivienda refleja esta brecha. Mientras los bonos de vivienda rondan los ₡31 millones, el precio promedio de una casa en zonas como San José alcanza los $130.000, una diferencia que deja fuera a miles de familias.

A este escenario se suman otros factores que dificultan el acceso a una vivienda, como el alto precio del suelo, el creciente nivel de endeudamiento de los hogares y las limitaciones para acceder a financiamiento.

Especialistas plantean alternativas como el leasing habitacional, un modelo que permitiría a las personas alquilar una vivienda con opción de compra a largo plazo.