POR José Fernando Araya | 29 de octubre de 2026, 18:25 PM
El mortal vuelco de un autobús ocurrido este miércoles en Horquetas de Sarapiquí revivió el recuerdo de una de las tragedias viales más dolorosas de Costa Rica: el accidente de Cinchona, que hace 10 años cobró la vida de 15 jubilados de la Universidad Nacional (UNA).
El 20 de octubre de 2016, cerca de las 9 a. m., un autobús que transportaba a 31 pasajeros cayó por un barranco en la ruta 126, en el tramo montañoso entre Cariblanco y Cinchona.
El accidente dejó 15 personas fallecidas, 11 de ellas en el lugar, y marcó para siempre a quienes sobrevivieron.
Uno de ellos fue Carlos González, quien recordó cómo vivió aquellos momentos y las consecuencias que todavía enfrenta una década después.
Según relató, el autobús perdió el control cuando atravesaba una curva pronunciada antes de llegar al puente sobre el río El Ángel.
González recordó que el conductor intentó controlar el vehículo y maniobró para evitar que cayera hasta el fondo del barranco. Sin embargo, durante el accidente recibió un golpe que lo dejó inconsciente.
“No se fue hasta otros 30 metros, sino que se quedó en esa calle alterna que hay. Y en el momento que se dio el accidente, yo perdí temporalmente el conocimiento y, al despertar, pues, la situación, yo me descontrolé.
“Otros compañeros estaban muertos ya, porque en el lugar perdieron 11 personas. Y me tocó ver a un compañero que estaba sobre el techo, fallecido. Luego vi heridos y veo a un compañero prensado. Yo, de hecho, salí. Creo que fui el único que salí caminando”, explicó este sobreviviente de 69 años.
Desde la orilla de la carretera, mientras recibía ayuda, observó el trabajo de los cuerpos de emergencia y escuchó cómo las autoridades confirmaban el fallecimiento de sus compañeros.
“Ahí fue escuchando cuando dijeron seis muertos y, en el segundo, ocho muertos”, relató.
El miedo todavía lo acompaña
Aunque logró sobrevivir, las secuelas emocionales siguen presentes.
Según explicó, volver a utilizar un autobús no ha sido sencillo. Incluso cuando realiza viajes cortos, siente temor al acercarse a las curvas.
“Todavía no viajo con mucha frecuencia en autobús. A veces voy pegando el pie del pasajero, en la parte de abajo, porque me dan miedo las curvas”, contó.
El sobreviviente reconoció que intenta superar ese temor, pero la experiencia sigue apareciendo cada vez que debe utilizar este medio de transporte.
“Cada vez que voy a subirme a un autobús, obviamente viene, consciente o inconscientemente, la remembranza”, expresó.
Diez años después, los sobrevivientes mantienen actividades de integración y reuniones para conservar el vínculo que nació a raíz de la tragedia.
También realizan pequeñas conmemoraciones en memoria de sus compañeros fallecidos. En el centro recreativo que frecuentan, mantienen una placa y fotografías para recordar lo ocurrido.
El proceso judicial se mantiene abierto después de una década. De acuerdo con González, la persona propietaria del autobús recibió una declaratoria de culpabilidad, mientras que la discusión sobre la responsabilidad del MOPT y Cosevi continúa.
Los representantes legales de los afectados presentaron un recurso de casación para intentar revertir parte de lo resuelto y conseguir que se reconozcan las responsabilidades que, consideran, existieron en el caso.
“La persona propietaria del autobús salió con culpabilidad y la otra parte que estábamos demandando era el Estado, al Conavi y el MOPT. Los jueces indicaron que, si hubiese habido alguna valla ahí, el autobús, en todo caso, nos hubiera llevado por el peso. Ese es el argumento que han utilizado estas personas.
“Nosotros contestamos con los abogados. Un especialista en este tipo de salvaguardas, a nivel internacional, él indicó que sí se pueden poner vallas de cierta dimensión y cierta sostenibilidad para que soporten cargas fuertes. En todo caso, estas personas que indicaron que hubiera habido ahí una valla se hubieran llevado al autobús, están indicando que no había. O sea, no había ni el resguardo mínimo. Entonces, para mí sí hay una responsabilidad”, declaró.
Este miércoles, el vuelco del autobús en Horquetas de Sarapiquí trajo a don Carlos el recuerdo de aquella trágica mañana que vivió exactamente 10 años después y que hoy convive en sus cicatrices.
“Una situación de esas a uno lo hace revivir lo que vivimos, las circunstancias son distintas, pero la situación es una circunstancia diferente y a uno le duele.
“Ahí hay más que cuatro fallecidos, hay gente quebrada y que tenga otras consecuencias. Esto es lo que se puede observar, pero las situaciones psicológicas quedan para toda la vida”, concluyó González.
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