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Cumplió 100 años y lo celebró en el estadio de su equipo
Rosario Quirós celebró su centenario visitando el estadio Ricardo Saprissa, el lugar que ha acompañado su vida como aficionada fiel del equipo.
En Venecia de San Carlos, hay encuentros que no necesitan grandes escenarios para convertirse en algo significativo. Basta un salón, algunas mesas y la disposición de compartir para que la rutina se transforme en un espacio de comunidad.
El Grupo del Adulto Mayor lo sabe bien. Por eso se reúne con frecuencia, buscando algo más que entretenimiento. En esta ocasión, la excusa fue un bingo, una actividad sencilla en apariencia, pero cargada de expectativa desde el primer número.
Desde temprano, los participantes llegan con entusiasmo. Se acomodan, reparten cartones, preparan fichas y se disponen a jugar. Cada número cantado genera una pausa breve, una mirada atenta, una esperanza que se activa en silencio antes de convertirse en celebración o en risa compartida.
Algunos ganan premios. Pero eso no es lo esencial.
Lo que realmente sostiene la jornada es el encuentro. Las conversaciones que surgen entre partida y partida, las historias que se cruzan sobre la mesa, la complicidad que se construye sin prisa.
Detrás de la actividad también hay un trabajo silencioso. En la cocina, un grupo de voluntarios se encarga de preparar una merienda que acompaña la tarde. El café recién hecho se mezcla con el murmullo del salón y se convierte en parte de la experiencia.
Entre quienes colaboran está Roxana Otárola, quien no solo acompaña a su papá a estas reuniones, sino que también dedica tiempo a apoyar la organización y la atención de los asistentes. Su presencia refleja algo que va más allá de la actividad: el valor del acompañamiento entre generaciones.
Al frente del bingo está Rosy, encargada de cantar los números. Su estilo no es casual. Es un legado heredado de su padre, una forma particular de conducir el juego que mantiene a todos atentos, conectados, participando.
Cuando la tarde avanza y los cartones se guardan, el espacio no se vacía.
La música empieza a sonar y, poco a poco, el salón se convierte en una pista de baile improvisada. Algunos dudan al inicio, pero pronto se suman. El ritmo rompe cualquier reserva y deja ver algo que se mantiene intacto: las ganas de disfrutar.
Así, entre números, café y baile, el Grupo del Adulto Mayor de Venecia de San Carlos confirma que estos espacios tienen un valor que no siempre se mide en premios. Son lugares donde la comunidad se fortalece y donde la edad pierde peso frente a la energía de quienes deciden seguir participando.
Si desea conocer más sobre esta actividad y ver cómo se vive este encuentro, puede repasar el reportaje completo en el video que aparece en la portada de este artículo.