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En Brasil de Santa Ana encontramos un pequeño terreno donde cientos de árboles esperan pacientemente el momento de abandonar el vivero y comenzar una vida en las montañas. Quien los cuida es Sidahli Elizondo, una mujer que decidió asumir una misión tan sencilla de explicar como enorme de ejecutar: sembrar árboles (ver video adjunto).
En esta aventura la acompañan sus amigas Fernanda Acuña y Lourdes Cordero, con quienes trabaja para reforestar terrenos ubicados en los alrededores de la Ruta 27. Juntas ya alcanzaron una cifra impresionante: 1.400 árboles sembrados.
El trabajo comienza mucho antes de abrir un hueco en la tierra. En una propiedad de Brasil de Santa Ana, las tres mujeres cuidan los pequeños árboles que algún día formarán parte de las nuevas zonas reforestadas. Los riegan, les dan mantenimiento y esperan pacientemente mientras desarrollan la fortaleza necesaria para sobrevivir fuera del vivero. Cada uno debe estar listo antes de emprender el siguiente paso de su recorrido.
Del vivero a la montaña
Cuando los árboles alcanzan las condiciones necesarias, comienza una nueva jornada de trabajo. Sidahli, Fernanda y Lourdes los trasladan hasta lotes y zonas montañosas aledañas a la Ruta 27, donde finalmente son trasplantados. Allí comienza una espera mucho más larga, pues aquellos pequeños árboles necesitarán años para crecer y transformar el paisaje. Lo que ellas siembran hoy será disfrutado, en muchos casos, por generaciones futuras.
Llegar a los 1.400 árboles ha requerido constancia y una enorme cantidad de trabajo. Son tres mujeres detrás de una tarea que implica cuidar los ejemplares desde sus primeras etapas, transportarlos y posteriormente sembrarlos en los terrenos seleccionados. Sin embargo, ellas encontraron en esta labor una manera concreta de contribuir con el ambiente desde su propia comunidad. Cada árbol que logra establecerse representa una pequeña victoria.
El proyecto cuenta con el patrocinio de Globalvia, empresa que aporta diferentes insumos para desarrollar las labores de reforestación. La iniciativa también busca motivar a más amas de casa a involucrarse y demostrar que la protección ambiental puede comenzar desde las propias comunidades. La intención es que el esfuerzo de estas tres mujeres inspire a otras personas a convertirse también en parte del proyecto.
Por ahora, en Brasil de Santa Ana todavía quedan muchos pequeños árboles esperando su turno. Sidahli, Fernanda y Lourdes continuarán cuidándolos hasta que llegue el día de llevarlos a la montaña y hacerles un nuevo espacio junto a los que ya fueron sembrados. Quizá ellas no lleguen a verlos en su máximo tamaño, pero esa es precisamente la belleza de su misión: sembrar hoy la sombra que disfrutarán quienes vengan mañana.