POR Rubén McAdam | 30 de septiembre de 2026, 18:55 PM

Antes de que una línea recién pintada aparezca sobre alguna calle de Heredia, hay todo un equipo trabajando bajo el sol para dejarla lista. Entre ellos encontramos a Ramón Geraldo, un dominicano que llegó a Costa Rica y que hoy asegura sentirse tico de corazón. 

Sus compañeros, sin embargo, pocas veces necesitan llamarlo por su nombre. Para quienes comparten diariamente con él, simplemente es “El Negro”, un apodo de cariño que acompaña a uno de los trabajadores más alegres del grupo.

Ramón trabaja como demarcador de calles y, junto a sus compañeros, se encarga de señalizar las vías del cantón central de Heredia. Pintar líneas, renovar demarcaciones y trabajar durante largas jornadas en carretera forman parte de su rutina. Pero existe algo que prácticamente nunca falta mientras realiza sus labores: una canción, una carcajada o alguna ocurrencia para quienes trabajan a su lado. Ramón encontró su propia fórmula para hacer que las horas se sientan un poco más cortas.

Trabajar entre canciones y carcajadas

Mientras algunos observan únicamente pintura y asfalto, Ramón encuentra también un espacio para compartir. Canta mientras trabaja, vacila con sus compañeros y aprovecha cualquier oportunidad para sacarles una sonrisa. Con el paso del tiempo, ese grupo de trabajo terminó convirtiéndose también en un círculo de personas a las que asegura apreciar profundamente. Y ese cariño parece ser correspondido.

Quienes trabajan con él aseguran que “El Negro” tiene una particular facilidad para alegrarle el día a cualquiera. No necesita grandes ocurrencias para conseguirlo; algunas veces basta una canción o uno de sus comentarios en medio de la jornada. Su personalidad terminó convirtiéndose en una característica tan reconocible como el propio trabajo que realiza. Allí donde está Ramón, aseguran sus allegados, es difícil que el silencio dure demasiado.

Dominicano de nacimiento, tico de corazón

Aunque nació en República Dominicana, Ramón encontró en Costa Rica un lugar al que aprendió a querer como propio. Hoy parte de su historia transcurre precisamente sobre las calles heredianas que ayuda a mantener señalizadas. Cada jornada deja detrás líneas y marcas necesarias para quienes posteriormente transitarán por ellas. Sin embargo, entre sus compañeros deja algo mucho menos visible.

Ramón demuestra que incluso una jornada rutinaria puede cambiar dependiendo de la actitud con la que se enfrente. El trabajo continúa siendo trabajo y el cansancio inevitablemente aparece, pero él decidió acompañarlos con música, humor y compañerismo.

Al final del día, sobre el asfalto quedan las líneas que Ramón y su equipo pintaron durante horas. Las sonrisas que dejó entre sus compañeros no tienen demarcación alguna, pero quizá sean la huella más característica de “El Negro” Geraldo en las calles de Heredia.

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