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Entre versos y generaciones: la pasión por la poesía une a una abuela y su nieta
Mientras una continúa construyendo una trayectoria literaria, la otra da sus primeros pasos con la ilusión de quien descubre el poder de la imaginación.
En El Rosario de Desamparados, entre verdes cafetales, ganado y el aire fresco de la montaña, Erasmo Mora y Dayanna Ortiz construyen día a día una vida marcada por el esfuerzo, la unión y el trabajo agrícola.
Mientras observa a su esposo trabajar en la finca, Dayanna no puede evitar bromear.
“Hoy ha estado bien valiente mi esposo” —dice entre risas, mientras Erasmo pica tallos de banano para alimentar a las vacas.
En este hogar, las jornadas comienzan antes de que salga el sol. Ocho años de convivencia les han permitido conocerse a la perfección y trabajar como un verdadero equipo.
Si uno se levanta primero, el otro se encarga del desayuno. Después, juntos se dirigen al corral para iniciar el ordeño y atender las múltiples labores que demanda la finca.
“La verdad es muy lindo porque somos un equipo. Hay mucho que hacer durante todo el día”, comentó Erasmo.
La producción de la finca es variada y representa el sustento de la familia. Elaboran queso, leche y natilla, además de criar y vender cerdos. También cultivan café y producen jocotes, aprovechando cada recurso que les brinda la tierra.
Entre trabajo, madrugadas y responsabilidades compartidas, Erasmo y Dayanna demuestran que el campo sigue siendo sinónimo de esfuerzo, pero también de compañerismo y amor por una forma de vida que se mantiene viva generación tras generación.