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El joven que decidió no dejar morir el boyeo y hoy lo mantiene vivo en Escazú
En Bebedero de Escazú, Rodrigo Sandí representa una nueva generación que apuesta por preservar el boyeo como parte de la identidad cultural costarricense.
En la comunidad de El Vergel, en Cañas de Guanacaste, el sonido del río acompaña el golpe constante de las herramientas sobre la madera. En ese entorno, don Domingo López, de 57 años, ha dedicado gran parte de su vida a un oficio que forma parte de la historia del país. Artesano de carretas y boyero, ha convertido su trabajo en una forma de vida y en un legado familiar.
Desde muy joven, don Domingo comenzó a trabajar con bueyes. Con el tiempo, no solo aprendió a guiarlos, sino también a construir sus propias carretas, un proceso que exige técnica, paciencia y conocimiento del material. Cada pieza que crea no es solo una herramienta de trabajo, sino también una muestra de una tradición que persiste pese a los cambios del tiempo.
El Vergel, una pequeña comunidad que bordea el río Cañas, mantiene un ritmo marcado por la naturaleza y el trabajo manual. En ese escenario, Domingo continúa fabricando carretas con el mismo cuidado de siempre, convencido de que esta tradición no debe perderse.
A su lado están su esposa, Darling Salguero, y su hija Marielos López, quienes forman parte de lo que él mismo describe como un “familión”. Para don Domingo, transmitir el amor por los bueyes y por este oficio a sus tres hijos ha sido una prioridad, con la esperanza de que la tradición se mantenga viva en las próximas generaciones.
Más que un oficio, el trabajo de don Domingo representa una herencia que avanza sobre ruedas. Repase el reportaje completo en el video que aparece en portada.