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Entre madrugadas y sonrisas, don Mario vive su amor por el campo
Es padre de familia, agricultor y, sobre todo, un hombre orgulloso de sus raíces.
Desde que tenía apenas 6 años, don Ismael Oviedo aprendió que la tierra se trabaja con esfuerzo, paciencia y dedicación. Aunque nunca tuvo la oportunidad de aprender a leer ni a escribir, encontró en el campo una forma de salir adelante y construir un futuro para sus cuatro hijos, a quienes logró sacar adelante gracias a su trabajo (ver video adjunto).
Hoy, este adulto mayor vive en Las Nubes de Tuis, en Turrialba, donde tiene su casita y un pequeño terreno que se ha convertido en parte esencial de su vida. Aunque ya dejó de trabajar formalmente, sus días siguen comenzando temprano, con la costumbre de levantarse para visitar sus cultivos y asegurarse de que todo marche bien.
Entre las plantas de chayote, los plátanos, la yuca y otros productos, don Ismael encuentra una razón para seguir activo. Para él, el campo no es solamente un lugar de trabajo, sino un espacio que conoce desde niño y al que ha dedicado prácticamente toda su vida.
Pero si algo distingue a don Ismael es su generosidad. La mayoría de sus cosechas las regala a vecinos y amigos, porque disfruta compartir lo que la tierra le da después de tantos años de esfuerzo. Así, cada producto que sale de su terreno también se convierte en una muestra de cariño hacia quienes lo rodean.
Su historia es la de un hombre que, sin saber leer ni escribir, encontró en sus manos la herramienta para construir una vida digna y sacar adelante a su familia. Hoy, aunque los años han pasado y el trabajo ya no es el mismo, don Ismael mantiene intacto ese vínculo con la tierra. Porque hay labores que se dejan de ejercer, pero pasiones que nunca se abandonan, y para él, vivir lejos del campo sería como renunciar a una parte de sí mismo.