POR Mariana Valladares | 17 de enero de 2026, 8:00 AM

La muerte de una mascota puede provocar un duelo intenso y complejo, comparable al que se vive tras la pérdida de un ser querido, debido al fuerte vínculo emocional que muchas personas desarrollan con sus animales de compañía. 

Así lo explica la psicóloga Catalina Díaz, quien señala que el dolor no depende de la especie, sino del lazo construido a lo largo del tiempo.

“El duelo se genera a partir del vínculo. Puede ser por una persona, un trabajo o una mascota. En muchos casos, las mascotas se convierten en compañeras incondicionales y en un apoyo emocional constante, lo que fortalece la relación y hace que la pérdida duela profundamente”, afirma la especialista.

Díaz detalla que entre las emociones más comunes tras la muerte de una mascota están la tristeza, el enojo, la culpa y los cuestionamientos constantes. 

“Al no poder comunicarse con palabras, los cuidadores suelen quedarse con dudas como si la mascota sabía cuánto la querían o si se sintió abandonada. Esto intensifica el dolor”, explica.

Otro aspecto frecuente es la negación, especialmente porque los animales forman parte de la rutina diaria del hogar. 

“La persona vuelve a llamar a su mascota o espera verla en los momentos cotidianos. El cerebro necesita tiempo para asimilar que ya no está”, añade.

La psicóloga subraya que no todos los duelos son iguales ni siguen las mismas etapas. Incluso dentro de una misma familia, cada integrante puede vivir la pérdida de manera distinta, según el tipo de vínculo que tenía con la mascota. 

Además, recuerda que este dolor no siempre es socialmente validado, aunque en los últimos años las mascotas se han integrado más al núcleo familiar, viviendo dentro de los hogares y compartiendo espacios íntimos con sus dueños.

Entre las señales de alerta, Díaz menciona dificultades para dormir o comer, problemas de concentración y síntomas de depresión. 

“Cuando el duelo empieza a interferir con la vida diaria, es importante buscar apoyo psicoterapéutico”, recomienda.

Como parte del proceso de sanación, la especialista destaca la importancia de los rituales de despedida, siempre desde una perspectiva personal. Escribir una carta, guardar fotografías o realizar una despedida simbólica puede ayudar a cerrar el ciclo.

“Lo fundamental es darle un cierre al dolor, porque muchas veces lo que más pesa es no haberse podido despedir”, concluye.

Finalmente, Díaz recalca el papel de la familia y las amistades en el acompañamiento del duelo: escuchar, validar las emociones y respetar los silencios. 

“No se trata de entender el dolor, sino de reconocerlo y acompañar con empatía”, subraya.

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