POR Daniel Quesada | 18 de julio de 2014, 6:57 AM

La presencia en Gaza de la infantería y los carros de combate israelíes ha desatado el temor entre unos 18.000 palestinos que, según datos de la organización de la ONU para ayuda de los refugiados palestinos (UNRWA), abandonaron sus hogares este viernes.

"Queríamos quedarnos en nuestra casa. No tener que vivir de prestado. Pero ayer fue horrible. Las bombas no dejaban de caer y los niños no podían dormir", explicaba esta mañana a Umm Salah, una mujer de 32 años procedente del barrio de Zaitum

Las unidades terrestres del Ejército israelí cruzaron anoche la frontera entre Gaza e Israel en medio de intensos bombardeos después de que el Ejecutivo escuchara la voz de los más extremos y autorizara la segunda incursión terrestre en la franja en cinco años.

La consecuencia fue una larga noche de terror que esta mañana incrementó el miedo y colocó a la franja al borde de un nuevo pico de incremento en su perpetua crisis humanitaria.

En un comunicado enviado a los medios, Chris Gunness, portavoz de la UNRWA,  cifró en 18.000 las personas que este viernes recogieron la poca comida que les queda en casa, hicieron un bulto de ropa y buscaron refugio con el colchón al hombro.

La gran mayoría ha partido con uno de los pocos destinos posibles en mente: las escuelas gestionadas por la UNRWA, que ya se encuentran al borde de la capacidad establecida en el plan de contingencia, que cifraba los posibles desplazados en 50.000.

"La cifra de personas que han buscado refugio en la UNRWA desde el inicio de la ofensiva se ha doblado hoy, de las 22.000 que había hasta cerca de 40.000. Los estamos acomodando en 34 centros de la agencia", afirmó Gunness.

A parte de las escuelas de la UNRWA, los gazatíes no tienen otro lugar para huir, ya que Israel impone un asedio militar por tierra y mar sobre la franja, y Egipto mantiene cerrado el paso de Rafah, que comunica Gaza con el resto del mundo.

"Aquí los niños duermen. No mucho, pero duermen. No hay nada seguro en Gaza, pero aquí nos sentimos mejor", agregaba Lamia, hermana de Umm Salah.

Cerca, cientos de niños, la mayor parte de ellos sucios y desarrapados, yacían en el suelo con la mirada triste y el sueño pegado a sus pestañas.

Según datos de la propia UNRWA, más de la mitad de los cerca de dos millones de personas que viven en Gaza son niños o menores de edad.

Afectados en su desarrollo psicológico por el conflicto y el asedio, son ahora también una de las principales víctimas mortales: alrededor de medio centenar de ellos han perdido la vida en once días de ataques.